Álvarez, el obispo nicaragüense atrapado entre su fe y la dictadura
Rolando Álvarez, un religioso acostumbrado a romper paradigmas en Nicaragua, se convirtió este viernes en el primer obispo nicaragüense en ser arrestado por el Gobierno de Daniel Ortega, quien lleva 15 años y siete meses de manera consecutiva en el poder.
Quienes ahora lamentan la noticia de su arresto, hace unos años descubrían que Álvarez, el obispo de la Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, igual impartía misa que montaba a caballo o una embarcación improvisada con troncos para evangelizar en las montañas del norte de Nicaragua, se lanzaba con su sotana en patineta, bailaba cumbia en una fiesta o bien pateaba un balón de fútbol.
Pero cuando tenía que ponerse serio, Álvarez, un bachiller en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma, licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana y máster en Doctrina Social en la Iglesia por la Universidad Pontificia de Salamanca, fruncía el ceño.
Resistencia exitosa
En 2015, ante el malestar de los pobladores del municipio de Rancho Grande, el obispo nombrado por el papa Benedicto XVI en 2011, el noveno de la Diócesis de Matagalpa, encabezó una de las manifestaciones antigubernamentales más multitudinarias en contra de un proyecto minero, cuya cancelación fue considerada como una “derrota” de Ortega ante los campesinos nicaragüenses.
Álvarez, secretario de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, fundó radioemisoras y canales de televisión para la Iglesia católica nicaragüense, abrió una cuenta en Twitter en la que compartió sus reflexiones y se convirtió en una especie de celebridad en Matagalpa.
La crisis de 2018
El obispo tuvo reconocimiento nacional con el estallido popular contra Ortega en abril de 2018 por unas controvertidas reformas a la seguridad social, cuando siendo mediador en un diálogo entre el Gobierno y la oposición advirtió que Nicaragua solamente podría salir de la crisis y aspirar a la democracia con “reformas profundas y de raíz en el sistema electoral”.
La popularidad del obispo aumentó cuando se hizo viral un video en el que un hombre con acento extranjero le reclamó por los bloqueos en las vías, que obstaculizaban el tráfico de vehículos, como parte de las protestas contra Ortega, ante lo cual respondió: “Respete la patria”.
Durante la crisis sociopolítica, Álvarez fue uno de los obispos que abrió las puertas de las parroquias bajo su jurisdicción para que los manifestantes se refugiaran de la denominada “Operación Limpieza” de 2018.
Esa operación fue descrita por el religioso como “limpiar las vías de tránsito a precio de sangre y de muerte, y luego ir casa por casa arrestando a la gente para enjuiciarla, calumniarla con acusaciones inverosímiles”.
El arresto
Cuatro años después, Álvarez, nacido en Managua hace 55 años, bajo la dictadura de los Somoza (1937-1979), fue retenido por la Policía que dirige el consuegro de Ortega, Francisco Díaz, y acusado de intentar organizar “grupos violentos”.
Antes de la retención, la Policía había impedido la celebración de la misa en la Catedral de Matagalpa, por lo cual el obispo salió a predicar a las calles aledañas con el Santísimo Sacramento alzado, tras lo cual se arrodilló y clamó a Dios.
Tras 15 días retenido en la curia junto con un grupo de 10 religiosos, la Policía entró por la fuerza al edificio de la Iglesia católica y los sustrajo, para pasar al obispo bajo “resguardo domiciliar” en su residencia en Managua.
“Preocupémonos por llevar el traje de fiesta en el Reino de Dios”, escribió el obispo, en su último tuit antes de ser capturado
UN SACERDOTE QUE CRITICA Y DENUNCIA
Fue uno de los obispos que apoyó a los manifestantes que protagonizaron protestas contra Ortega en 2018. Desde entonces en sus homilías suele criticar duramente al Gobierno, y exige la liberación de unos 180 “presos políticos” que según la oposición están en las cárceles del país.
A principios de agosto, Álvarez fue retenido en su curia después de denunciar el cierre de cinco emisoras de radio religiosas y exigir al Gobierno de Ortega que respete la libertad de culto.
DÉCADAS DE TENSIÓN ENTRE IGLESIA CATÓLICA Y ORTEGA
Las relaciones entre los sandinistas y la Iglesia católica de Nicaragua han estado marcadas por roces y desconfianzas en los últimos 43 años.
El 4 de julio de 1986, el régimen sandinista, encabezado por Ortega, desterró al entonces obispo de la Diócesis de Juigalpa (centro), Pablo Antonio Vega, acusado de apoyar a la “Contra” y quien fue sacado a la fuerza a la medianoche de su sede episcopal, subido a un helicóptero militar y dejado en la selva fronteriza con Honduras.
Ortega ha tildado de “golpistas” y “terroristas” a los obispos nicaragüenses que mediaron un diálogo nacional con el que se buscaba una salida pacífica a la crisis que vive el país desde abril de 2018.
Un 58,5% de los 6,5 millones de habitantes de Nicaragua es católico, según el último censo nacional.



























