LA PRIMERA SUBLEVACIÓN fue en Cochabamba
Cochabamba fue clave en la lucha por la independencia y la libertad del Alto Perú, pues en sus fértiles valles se libraron muchas batallas por alcanzar la libertad de la Corona española. Muy poco se ha escrito de los primeros levantamientos en esta región –anteriores y posteriores a 1730–, así como de sus protagonistas.
Casi cien años antes de la conocida gesta heroica del 14 de septiembre de 1810, se suscitaron fricciones constantes entre la población originaria y los colonizadores. Con los años, estos problemas, que se creía que irían disminuyendo, se mantuvieron, pero sin representar grandes conflictos, pero tampoco fueron simples levantamientos o tumultos. ”Durante la época colonial, en los momentos decisivos de la historia latinoamericana, la contribución de Cochabamba fue contundente por la sublevación de Alejo Calatayud (1730), el alzamiento indígena (1780-1782) y la guerra de la independencia (1809-1825)”, escribe la historiadora Ítala de Mamán.
En noviembre de 1730, se dio la revuelta armada, la más decidida hasta ese entonces contra el dominio español. Los cholos de la Villa Oropesa, hoy Cochabamba, liderados por el platero Alejo Calatayud, lograron algo imposible para su época: establecer un gobierno de criollos.
Según De Mamán, la sublevación liderada por Calatayud figura como una de las más importantes gestas precursoras de la independencia, no sólo en la Audiencia de Charcas –hoy Bolivia–, sino también en América. En el imaginario de los intelectuales del siglo XIX, esta gesta fue tan importante, al punto de aludirla en una estrofa del Himno a Cochabamba donde se establece que “fue el primero en la lucha marcial”.
En la sociedad colonial de 1730, paralelamente a la producción de cereales en lo que era la Villa de Oropesa se dio una dinámica artesanal, trasmitida de padres a hijos por generaciones, de tejidos, vidrio y de pólvora desarrollada por los mestizos. Esta condición, unida al sincretismo cultural, generó una particular percepción de la situación política.
En este medio se crio Alejo Calatayud, que nació alrededor de 1700, era hijo de Juan Calatayud y Agustina Espíndola Prado. Para 1730, estaba casado con Teresa Ramona Zambrana Villalobos. Algunos historiadores lo describen como “un hombre despierto, enérgico y resuelto, con algunos aprendizajes elementales –leer y escribir– que le dio el catolicismo, cualidades con las que se fue ganando el respeto y simpatía del círculo de plateros y de los artesanos en general.
La sublevación de Calatayud respondió a la presencia del revisitador de la provincia de Cochabamba, Manuel Venero de Valera, comisionado por el Virrey de Lima José Armendáriz, Marqués de Castelfuerte, para empadronar a los indios para extender el universo de la población tributaria, que incluyó a los mestizos y criollos quienes estaban exentos del pago de tributos. “La crisis crónica de las finanzas de la corona española inducía a extremar los esfuerzos para incrementar las arcas reales”.
Ante la designación de Armendáriz, el pueblo cansado de tanto abuso se organizó al mando de Calatayud, que situó su campamento con tres mil hombres, en el cerro de San Sebastián, izando bandera colorada y a las voces de ¡Muera el Rey! ¡Muera el mal gobierno!
Valero, anoticiado de la situación, huyó a Oruro, dio parte a Potosí y a la Audiencia de Charcas de los sucesos, que envió refuerzos a Cochabamba al mando de Juan Matías Gardogue y Meseta. El amanecer del 30 de noviembre de 1730, “los insurrectos alzados en masa los derrotaron; el pueblo se desenfrenó en las represalias, y sólo al celo del cura de la Matriz, Francisco Urquiza, la contuvo. Reunido en cabildo, propuso una Capitulación.
Se acordó, entre otros, la creación de un nuevo gobierno local (gobierno de criollos), sin desconocer la autoridad de la Real Audiencia de Charcas, ni del Rey de España, y que los criollos en adelante nombrarían los cargos público y que ningún español sería Corregidor. Hechos impensables en esa época y que se dio por primera vez en América, que un mestizo sea ungido como autoridad. Así José Mariscal Guerrero fue designado alcalde y Francisco Rodríguez Carrasco (compadre de Calatayud) registrador.
Instaurado el nuevo gobierno de los criollos, Calatayud fue traicionado por las nuevas autoridades y apresado en la casa de Rodríguez Carrasco, a la que fue invitado a un simulado banquete. El caudillo fue trasladado a una cárcel, donde fue ajusticiado con la pena de garrote. El 31 de enero de 1731, apareció colgado en una horca en la Plaza de Armas; posteriormente, su cuerpo trasladado a la colina de San Sebastián, donde fue descuartizado. Su cabeza fue enviada a Chuquisaca para exhibirla en una picota en la plaza; pero lo curioso es que la noche del 19 de marzo desapareció misteriosamente y el palo en el que estaba fue arrojado a las puertas de la Real Audiencia.
Ante la ejecución de Calatayud, el pueblo se sublevó, primero en Tarata, liderado por Tomas Gamboa, y luego en Pocona, dirigido por Diego Amburgo, ambos fueron ajusticiados. José de la Fuente, hombre de Calatayud y platero como él, corrió la misma suerte.
Varios cabecillas: Cotrina, Gamboa, Amburgo y –más tarde– Nicolás Flores, partidarios de Calatayud, también fueron sacrificados por el traidor Rodríguez Carrasco. Ferrer y Santos Padilla fueron también ahorcados, por prender pasquines contra el régimen, señala José Macedonio Urquidi (“Nuevo compendio de la historia de Bolivia”).
El 14 de agosto de 1731, Nicolás Flores acaudilló un motín reuniendo gente de los alrededores de la Villa de Oropesa y de Quillacollo, fracasó en su intento de atacar la ciudad y huyó al norte, fue apresado en Sicasica y ejecutado en Cochabamba.
LA PRIMERWA SUBLEVACIÓN fue en Cochabamba

Otros levantamientos
Durante este mismo período colonial, un segundo momento trascendental se dio en 1780, los indígenas organizan la más grande insurrección contra el régimen español en diferentes regiones de Bolivia, involucrando a más de 200 mil indios. Los valles de Cochabamba se conmueven con los ecos de la gran rebelión de Tupac Amaru. Los insurrectos en el Valle Alto, Sacabamba, Matarani, Cliza, Punata, Tarata, y las provincias altas de Arque, Tapacarí, Ayopaya y muchos otros lugares del valle, levantan banderas de sublevación, proclamándose soldados de Túpac Amaru.
Entre esos se levantamientos indígenas se encuentran los liderados, en 1781, por los caciques Agustín Condori, Martín Uchu y su esposa Rosa Bartola, en Sacabamba. Lope Mamani, Simón Quispe y Ambrosio Anzaldo enarbolan ideales de libertad e independencia.
En Sacabamba, los indígenas, armados de “garrotes, instrumentos de labranza, hoces, lanzas y algunas armas de fuego” dieron muerte a dos españoles (uno de ellos un fraile de órdenes menores) y pusieron en fuga a los propietarios de esa hacienda y de las vecinas. Pero la labor persuasiva del obispo Ángel Mariano Moscoso sobre los indígenas y la disuasiva de las tropas españolas logró impedir que la rebelión adquiriera causes más profundos, describe el historiador Gustavo Rodríguez Ostria (“El picante Martín”).
Otros rebeldes en Tapacarí, liderados por el curaca Isidro Orosco, y en Arque lograron que Cochabamba quedara aislada, cerraron los caminos hacia Oruro, y por extensión a La Paz y Cuzco, apenas contaba con “una estrecha callejuela para Chuquisaca” para su abastecimiento... El pánico, el “miedo social” del que hablan los historiadores franceses, hizo carne entre los habitantes de la región, principalmente entre los amenazados los españoles.
El 25 de mayo de 1781, Martín Uchu fue ajusticiado por los españoles en Toco, Valle Alto de Cochabamba, y todas las rebeliones son aplacadas por los criollos y españoles de la entonces Villa de Oropesa. Los caudillos ni los miles indígenas muertos en Cochabamba en 1781 figuran en la memoria local, señala Rodríguez Ostria.
Ciudad “Leal y valerosa”
En reconocimiento al cruento escarmiento a los sublevados y su fidelidad a la Corona, en 1786, el rey Carlos III asciende la Villa de Oropesa al rango de ciudad y le otorga el título de “Ciudad leal y valerosa de Cochabamba” y da como premio una importante donación para la construcción de una fuente de agua en la plaza mayor, hoy 14 de Septiembre.
El escudo de armas de Cochabamba descrito por Francisco de Viedma en su informe al Rey, con un círculo de cabezas degolladas y en el medio un león rampante, es interpretado como un testimonio de este hecho histórico.
“...He venido entre otras cosas, a consulta de mi Consejo de Indias, de 9 de enero del presente año (1786), a concederle el título de ciudad con el dictado de leal y valerosa...”
LA PRIMERWA SUBLEVACIÓN fue en Cochabamba



















