¿Qué puede aprender Bolivia?
Mi primera columna de 2016 la dedico a la educación muy a pesar del fracaso que esto supone en términos de número de lectores: en algo más de 300 columnas semanales publicadas en los últimos seis años, he aprendido que esta temática es infinitamente menos excitante que las “evadas”, las estrategias envolventes o el amarillo que hoy tiñe el quehacer periodístico internacional. Arriesgo mi “popularidad” y decido ser fiel con mi conciencia dedicando estas líneas a lo que considero fundamental para cualquier sociedad, y advierto, lo haré con más frecuencia a sabiendas de los “riesgos” y las satisfacciones personales que esto significa.
Pasi Sahlberg es un finlandés experto en educación, autor de El cambio educativo en Finlandia, ¿qué puede aprender el mundo? ; de ahí el título de esta columna que intentará una síntesis, grosera pero síntesis al fin, de las primeras sesenta páginas de este libro que trata sobre cómo ese país nórdico ha pasado de una educación mediocre a la mejor educación del mundo.
¿Qué puede aprender Bolivia de la experiencia finlandesa?
Primero subrayo algunos términos e ideas clave de lo que no debe aprender (lo que el autor caracteriza en la Tercera Vía): “la competencia por premios no es generadora de calidad”; “la calidad docente nada tiene que ver con la remuneración por su desempeño”; “es un error dejar que los gobiernos dicten qué y cómo deben aprender los estudiantes y qué debe enseñarse en las escuelas”; “las personas no son dueñas de sus visiones; alquilan las visiones de otros”; “la capacitación se ha convertido en entrenar a las personas en estrategias prescritas con el fin de llevar a cabo y hacer realidad objetivos y metas impuestos por otros”.
Lo que Bolivia sí debe aprender (Cuarta Vía) tiene que ver con “la inspiración, la innovación y la responsabilidad colectiva”.
Redundando: El trabajo en equipo, las visiones compartidas, la creación de capacidad que se traduce en el crecimiento y el desarrollo a través de la autogestión; “la toma de posesión y el desarrollo colectivo de una comunidad hacia los propios fines y necesidades principales”.
Finlandia ha desarrollado y aplicado una visión propia de los cambios educativos y sociales vinculados a la inclusión y la creatividad negándose a cualquier idea de estandarización. Se ha apoyado en docentes bien formados, de buena calidad, con calificaciones altas y título de maestría lo que ha atraído a los jóvenes hacia la profesión de la enseñanza (los bachilleres finlandeses se sienten más motivados a seguir la carrera de educador que la de médico y/o abogado); tiene una estrategia inclusiva de educación especial; ha entregado a los docentes la responsabilidad colectiva del desarrollo de los planes de estudio y de las evaluaciones de diagnóstico descartando la implementación de exámenes estandarizados diseñados por el Gobierno central; y finalmente, ha relacionado la reforma educativa con el desarrollo creativo de la competitividad económica así como con el desarrollo de la cohesión social, la inclusión y un sentido compartido de comunidad.
Sahlberg recomienda no imitar modelos porque cada contexto es particular, sin embargo admite que las escuelas mejoran cuando aprenden de otras y que el aislamiento es el enemigo de toda mejora: “Hemos pasado décadas intentando romper el aislamiento de los docentes en nuestras escuelas”.
Mejorar la educación es una obligación moral porque el bienestar y felicidad de cada persona se plantean desde el conocimiento, y económica porque la riqueza de las naciones depende más que nunca del saber hacer.
“Una nación educada no puede ser creada por la fuerza” por ello es fundamental la confianza mutua entre autoridades de gobierno y escuelas. Continuará.
La autora es comunicadora social.
Elblogdelamolmitos.wordpress.com
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