Referéndum Vs. estabilidad
Diversas estrategias forman parte de la campaña con miras al 21F. Con diferencias sustanciales en cuanto a recursos económicos, técnicos y logísticos, así como a capacidad de movilización, las dos corrientes pugnan por captar el interés del electorado y por convencer a un importante porcentaje de ciudadanos que aún no han tomado una decisión. En todo caso, el Gobierno tiene una estrategia que ha sido redefinida a la luz de los resultados de las encuestas, en las que el Si o está perdiendo, o está ganando con estrecho margen. Hábilmente ha introducido una serie de condimentos en la perspectiva de encontrar rivales bien focalizados a efecto de generar la reyerta. En la medida que existan contestatarios, más posibilidades para el manejo propagandístico y más posibilidades para generar rivales coyunturales que lleven la disputa electoral allá donde el Gobierno y sus portavoces se sienten cómodos, esto es, en la confrontación. Ahí es donde surge casi calcado el discurso antiimperialista o de derecha; el de la revolución de los pueblos; el de la construcción de la Patria Grande (que se va quedando sola con la boliviana); el empoderamiento de ciertos sectores donde la filosofía reinante es aquella que enseña que el poder, una vez conquistado, no se lo devuelve, o incluso aquella en la que todo aquel que opine diferente, es un antipatriota, yanqui, trabaja para la Embajada Americana, y un largo etcétera.
La estrategia de crear adversarios con verdades a medias, tiene un efecto multiplicador en la medida que existen auditorios que todavía las aceptan. Auditorios en los que se ha comenzado a introducir una de las falacias más falaces de los últimos años, esto es, que el referéndum convocado y propiciado por el Gobierno tiene el propósito de buscar con la opción No, la revocatoria de mandato de Evo Morales. Nada más falso en términos legales e institucionales, y nada más apropiado en la lógica goebbeliana, en la que una mentira repetida mil veces, se convierte en una verdad. No existe una sola persona que haya considerado la opción de un revocatorio de mandato, por lo que el objetivo de plantear esa tesis está dirigido a ganar votos a través de la trampa de damnificar la figura presidencial.
La otra tónica que se pretende imponer en el debate y como parte del discurso electoral, está referido a la estabilidad. Evo ha dicho que el Sí representa estabilidad económica, política y social, lo que en buen romance significa que alcanzarla o mantenerla, sólo es posible con una nueva reelección el 2019.
Dos apuntes. El primero, que de ser así, estaríamos aceptando que el grado de inestabilidad institucional es tan grande en Bolivia, que sería prácticamente imposible que el Estado funcione como tal y bien, sino es con Evo en la Presidencia. Errada conclusión si acaso somos de la idea conceptual que mientras las instituciones deben permanecer y crecer, son las personas las que deben pasar. Nunca al revés. El segundo, que más allá de lo que vaya a suceder el 21F, el problema de la estabilidad no está supeditado al resultado de la contienda. A partir del 22F y hasta el año 2019, el MAS seguirá gobernando y Presidente y Vicepresidente seguirán siendo los mismos, así como sus obligaciones y responsabilidades, que no gozan de efecto traslativo. Si durante estos años surge el fantasma de la inestabilidad económica, social o política, el responsable de causa y efecto, será el que está al frente del Estado, y será también el llamado a solucionarla, no los que votaron por el No.
El autor es abogado.
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