Elegir al Defensor de la Verdad
Veamos si los postulantes “han dicho la verdad” frente a hechos en los cuales se ponía sobre la mesa la vulneración de los derechos humanos
Para la elección del Defensor del Pueblo se han manejado una serie de criterios de aceptación o rechazo a las postulaciones. Más allá de todo, cabe indagar los antecedentes de los postulantes con el fin de verificar su historia en relación con la defensa de los Derechos Humanos, teniendo claro que esta defensa es esencialmente una actividad política y en ella debemos exigir un posicionamiento personal. No pretendamos que quienes se postulan sean personas ecuánimes, objetivas, equilibradas, etc. Se trata de personas que a lo largo de su vida se han jugado por defender a otras personas de los abusos del poder y en ello existe una posición política que no es lo mismo a una filiación partidaria, sindical, gremial o de organización social.
La tarea no es sencilla, si se deja de leer las acciones y discurso bajo el sesgo de apoyo o enfrentamiento al Gobierno. Me atrevo entonces a dar una pequeña pista rescatando el pensamiento de Foucault, quien en sus clases magistrales conferencias de la década del 80 se preocupó sobre qué significaría decir la verdad, a riesgo de que por el corto espacio de la columna simplifique demasiado la complejidad de su pensamiento.
Uno de los elementos que se destacan es la presunción de que quien dice la verdad tiene las cualidades morales que se requieren, tanto para conocer la verdad como para comunicarla. Por otro lado, cuando se dice la verdad se asume que quien la dice corre un riesgo, porque esta es incómoda ante quien no quiere que se la conozca y ejerce su poder para ocultarla. El decir la verdad, también implica una suerte de crítica porque concluye con una aseveración, una advertencia que conlleva mostrar la equivocación en la forma de pensar y actuar, esto ligado al peligro de decirle a alguien lo equivocado que puede estar y/o lo injusto de su comportamiento. El último rasgo, sin ahondar en lo que Foucault ve como una evolución de lo que significa decir la verdad a lo largo de la historia, es que quien dice la verdad lo dice como un deber que ejerce libremente.
Entonces, veamos si los postulantes “han dicho la verdad” frente a hechos en los cuales se ponía sobre la mesa la vulneración de los derechos humanos: enero de 2007 en Cochabamba, mayo de 2008 en Sucre, septiembre de 2008 en Pando y Santa Cruz, la Marcha del Tipnis, las constantes demandas de los discapacitados, el abuso de poder y corrupción en el sistema judicial, etc.
La revisión de sus actos y discurso frente a diversos hechos, nos podrá mostrar si tuvieron las cualidades morales para manifestarse, si asumieron el peligro y amenaza cuando dijeron la verdad, si buscaron mostrar las equivocaciones en las formas de actuar y pensar en quienes vulneraban los derechos, si fueron libres de hacerlo y en esa libertad asumieron su deber. Ahora, cabe esperar que quienes elijan al Defensor también puedan, quieran y sean capaces de decir la verdad.
El autor es filósofo.
Columnas de ALEJANDRO CARVAJAL




















