Las Ciencias Naturales en el sistema educativo nacional
Según estadísticas de la red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RIC y T) Iberoamericana, el 63% de dos millones de jóvenes que egresan anualmente de las universidades de Latinoamérica y el Caribe, se gradúan en carreras de ciencias sociales y humanidades, mientras que apenas el 18% egresan con licenciatura en ingeniería, ciencias exactas y ciencias naturales y, el resto se gradúa en medicina, agricultura y otras disciplinas
En pleno siglo XXI y frente al creciente desarrollo científico y tecnológico, cada vez cobra mayor importancia la necesidad de innovar y modernizar el sistema educativo, particularmente de las Ciencias Naturales (Física, Química y Biología).
Es precisamente a consecuencia de este problema que Gobiernos anteriores realizaron reformas educativas, que no fueron evaluadas adecuadamente y como consecuencia sin resultados alentadores. La enseñanza de las ciencias en los colegios, por ejemplo, es una enseñanza memorística, repetitiva de los enunciados teóricos, aplicación de ecuaciones a las Leyes Básicas de la Naturaleza en la resolución algebraica de problemas, olvidándose de la parte experimental.
“La base filosófica de un sistema de educación pública y gratuita es crear una sociedad donde todos puedan educarse y, por tanto, las oportunidades de progreso de los individuos vengan determinadas no por su origen, condición social o económica, sino por su esfuerzo y capacidad”. La actual Reforma Educativa se esfuerza por brindar una educación de calidad y de amplia base participativa.
Pese a todo, en la actualidad, nos falta aún corregir y perfeccionar algunos aspectos y esforzarnos más para tener una educación de calidad, particularmente en el área de las Ciencias Naturales (Física, Química y Biología), la cual ha pasado poco menos que a un segundo plano.
El profesor Elizardo Pérez y el amauta Avelino Siñañi fundaron la “Escuela Ayllu de Warisata”, precisamente para “revertir ese sistema educativo pasivo, memorístico, repetitivo y alejado totalmente de la realidad”. Su propuesta educativa estaba orientada a las actividades de la vida, el trabajo y la producción.
En la planificación de los programas no existen “prácticas experimentales” en cada curso; y esto debería venir incluso desde la escuela primaria como en otros países. No tenemos profesionales con una buena experiencia en laboratorios, ni colegios que cuenten con laboratorios equipados. Para superar esto es importante que las Normales revisen sus planes de estudio e incluyan en forma sistemática y sostenida la parte experimental.
Esto incide a que el aprendizaje del estudiante sea de calidad. Es preferible que una persona no sepa Física, Química o Biología a que la rechace por tener una visión distorsionada de las mismas. Aunque no tengamos aptitudes para la ciencia, podemos apreciarla, lo mismo como el no tener habilidades musicales, no impide apreciar la música. No sostenemos que la parte teórica sea innecesaria, al contrario es fundamental, es cuestión de planificar ambas actividades adecuadamente; esta planificación facilitará la comprensión del fenómeno a estudiar. Los niños y jóvenes sentirán la curiosidad y necesidad de resolver problemas cuantitativos y cualitativos.
“Si al estudiante no se le da la oportunidad de experimentar lo que aprende teóricamente, si se prescinde de toda comprobación experimental… lo que se enseña no es una ciencia, sino un dogma” (Loedel 1957).
Se están institucionalizando las olimpiadas científicas, donde se exige al estudiante una buena preparación con alta base teórica y experimental científicas. Esto no podía ser de otra manera, ya que los participantes ganadores asistirán a otros certámenes similares en el exterior representando al país, cuyas exigencias académicas hay que cumplir.
Según estadísticas de la red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RIC y T) Iberoamericana, el 63% de dos millones de jóvenes que egresan anualmente de las universidades de Latinoamérica y el Caribe, se gradúan en carreras de ciencias sociales y humanidades, mientras que apenas el 18% egresan con licenciatura en ingeniería, ciencias exactas y ciencias naturales y, el resto se gradúa en medicina, agricultura y otras disciplinas. Al contrario, las universidades de China y la mayoría de los países asiáticos se están graduando más ingenieros y técnicos.
A los modelos educativos anteriores se los caracteriza como de bajo rendimiento académico, que se refleja en las bajas calificaciones de los estudiantes. En México, por ejemplo, según un reporte de algunos expertos, el rendimiento en Matemáticas y Ciencias Naturales se ubican en las franjas reprobatorias de 3 y 4, al tiempo que sólo el 2,4% de la población escolar define su vocación en favor de carreras científicas. Ocurre más o menos lo mismo en Bolivia.
Al respecto un grupo de expertos e investigadores de diferentes ámbitos, sometieron a jóvenes de 15 a 18 años de 65 países a las Pruebas de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) para analizar la situación de la educación en Ciencias Naturales, Matemáticas y Lenguaje en el mundo. Los estudiantes de China y otros países asiáticos, obtienen los mejores puntajes a nivel mundial en todas las categorías de la prueba; más abajo de la lista están Suiza (lugar 9), Finlandia (12), Alemania (16), España (33), Rusia (34) Estados Unidos (36), Suecia (38), Chile (51), México (53), Uruguay (55), Costa Rica (56), Brasil (58), Argentina (59), Colombia (62) y Perú (65). (Fuente: Libro Crear o Morir)
El autor es Presidente de la Sociedad Boliviana de Educadores de Física en Secundaria.
Columnas de FEDERICO CARDONA ROJAS


















