¿Cómo financiar la salud?
El doctor Javier Torres-Goitia Torres ha publicado en Página Siete una columna sobre “La salud y Desarrollo en Bolivia”, en la cual deplora el bajo presupuesto, que se dedica actualmente al sector salud en el país, en comparación con los demás países del mundo. Al final de su artículo, el Dr. Torres-Goitia propone “estructurar un Sistema Nacional de Salud público, universal, que puede ser autónomo, como lo son las Universidades estatales, sólidamente sustentado por un financiamiento estable y progresivamente creciente, con activa participación popular genuina, de gestión descentralizada para garantizar el acceso poblacional y de servicios libre de costo a toda la población urbana y rural del país con equidad y calidad garantizadas.”
La disyuntiva de escoger entre gasto social o desarrollo económico, no es evidente. Según Amartya Sen, premio Nobel de economía de 1998, el “desarrollo puede ser visto como un proceso de expansión de las libertades reales…, (que) contrasta con la visión más estrecha del desarrollo, que considera al desarrollo como el crecimiento del producto nacional bruto (PIB)…”. La supuesta competición por fondos, que existiera entre el desarrollo económico y desarrollo social es un dilema equivocado. La disponibilidad de fondos para lo social debería plantearse de manera estructural y no coyuntural, dependiente de la prosperidad del momento.
El reclamo por un presupuesto estable para el sector salud es pertinente. El Dr. Torres-Goitia Torres, que fue ministro de Salud en 1982-85, intentó reformar el sistema de salud boliviano esclerosado e implementó ideas innovadoras y hasta revolucionarias, que le valieron ser considerado el mejor Ministro de Salud de las Américas. Sus políticas de salud pública, las campañas de vacunación en particular, se tradujeron en la disminución drástica de las tasas de mortalidad materna e infantil.
Sin embargo, las reformas emprendidas por él y luego por su hijo Dr. Torres-Goitia Caballero han contribuido a reformar el sistema de financiamiento de salud solo parcialmente. A partir de 2002 con el aporte al 10 por ciento de la coparticipación tributaria, se creó el Seguro Universal Materno Infantil, mejor conocido por su sigla SUMI, que ofrecía la atención médica totalmente libre de costo para los niños menores de cinco años y para las mujeres embarazadas. Pero, SUMI es sólo una red de protección de un grupo vulnerable y no es para todos. Si la salud es un derecho, debe ser alcanzable para todos.
Cabe preguntarse. ¿Cómo otras sociedades pagan por la atención en salud y cuál es su calidad? Lo más común es un sistema de financiamiento mixto donde el Estado a todo nivel define e implementa las políticas, impone los límites y controla los excesos, pero donde existen también otras fuentes de financiamiento –impuestos en particular– y donde el paciente asume una parte de los gastos. En el modelo socialista, financiado en su totalidad por el presupuesto del Estado, las prestaciones se dan en condiciones de equidad, gratuidad y universalidad para todos los segmentos de la población, pero la calidad de los servicios y la motivación del personal médico son bajas.
En la mayor parte de los países desarrollados, la atención en salud es pagada en gran medida por los Gobiernos o por las organizaciones públicas. En el Reino Unido, el Gobierno paga directamente por la atención; en Francia y en Alemania, los Gobiernos recogen los impuestos para financiar en parte el sistema de la atención de salud, y los empleadores e individuos pagan el saldo de los costos directamente. En los EEUU, el sistema se rige por las reglas del mercado y es pagado por los empleadores y los pacientes con participación de las compañías de seguros, pero el Gobierno atiende a los grupos vulnerables mediante las redes de protección tales como; Medicare, para ancianos y discapacitados, y Medicaid para la gente de escasos recursos. Gracias a la competición la calidad de los servicios es generalmente mejor, pero los costos pueden ser prohibitivos.
Los modelos no son perfectos en varios aspectos, pero son estables e independientes. Bolivia requiere desarrollar también su sistema de estas características, con la meta de garantizar la salud para todos. Asegurar el financiamiento de este sistema sería una prioridad, para no quedarse en una declaración de principios o en un simple reclamo de mayor presupuesto.
El autor es comunicador social.
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