Crece la bronca e indignación en contra del régimen masista
Los resultados de estas acciones políticas y estrategias comunicacionales desplegadas son ciertamente desastrosos. En un pintoresco cuadro, colocaron en ridículo al caudillo
Desde el 21F de 2016, día en que el masismo sufrió su más terrible derrota en 10 años de gobierno, el rechazo y la indignación del ciudadano de a pie crece inconteniblemente. No estamos hablando solamente de un resquebrajamiento hegemónico que tiene que ver con la disminución de legitimidad y pérdida de apoyos naturales. La situación para el bloque azul es sustancialmente peor, pues estamos hablando, en el presente, de indignación, irritación, bronca y rechazo; a tal extremo que hasta el vulgo comienza hoy a descalificar al régimen de Morales.
Son varios los factores que han impulsado este pernicioso proceso que, como se están dando las cosas, podría derivar en un enfrentamiento entre campo y ciudad. Al parecer, ese escenario, estaría siendo propiciado desde el oficialismo para forzar salidas de facto procurando, de cualquier forma, mantener al caudillo en el poder.
Veamos, en todo caso, cuales son los factores que alientan este proceso que, por inverosímil que parezca, tiene origen en el interior: la “conjura” yace en los recovecos subterráneos del partido azul.
El primer factor radica en el obsesivo afán de perpetuarse en el poder, dando la espalda al soberano al ignorar sistemáticamente los resultados del referendo del 21F e insistir, a toda costa, con la repostulación del caudillo; esto ha provocado, en la conciencia ciudadana, unánime repulsa. En segundo lugar, alentando el rechazo y la bronca al régimen, se ubican las medidas sugeridas como posibles vías y caminos para la cuarta postulación de Morales; todas ellas ilegales, anticonstitucionales e ilegítimas. Por las vías formales de la política, no existe posibilidad alguna para la repostulación; sin embargo, cínicamente, van proponiendo absurdos que no hacen otra cosa que estimular, en sumo grado, la bronca e irritación en la ciudadanía.
El tercer factor que ha inflamado la indignación y rechazo es aquel “Documental de la mentira”, cuya burda producción y difusión ha provocado más bien mayor confusión, colocando al propio Presidente y sus obsecuentes ministros en situación de “viles mentirosos”; pues cada uno de ellos, a su turno, afirmaron y admitieron la existencia del niño. Incluso, para dar la impresión de “buen padre”, aseveraron apoyo y asistencia médica al niño. Para infortunio de ellos, los documentos e imágenes están ahí. La verdad histórica y material está, por suerte, a disposición de todos. Por los resultados de este documental en la conciencia ciudadana, Stalin, en lugar de Evo, habría ordenado el fusilamiento inmediato del responsable.
Como corolario, en este proceso de “conspiración interna”, planifican y difunden, dos días antes del 21 de febrero, denominado por ellos el “día de la mentira”, el video de la entrevista a la expareja del presidente, con propaganda y promoción oficial de por medio, provocando gran expectativa. Empero, el “autogol” fue de antología. Echaron gasolina al fuego, provocando una masiva asistencia ciudadana a las concentraciones en defensa del NO, nunca antes visto, en todas las ciudades capitales del país. Esta presencia, contrasta ciertamente, con las concentraciones que organizó el oficialismo. En Cochabamba fue masiva la presencia de los cocaleros, cuya asistencia es obligatoria bajo pena de “muerte civil” en sus comunidades y sindicatos. Y, como decían en las redes: “El 21F del 2016 Evo perdió en las urnas y el 21F del 2017 Evo perdió en las calles”.
Los resultados de estas acciones políticas y estrategias comunicacionales desplegadas son ciertamente desastrosos. En un pintoresco cuadro, colocaron en ridículo al caudillo. Es una verdadera imbecilidad y estupidez atribuir estos resultados a la derecha racista y al imperialismo; alocución que, dicho sea de paso, está tremendamente desgastada por su carácter fatuo y pedante. La “conspiración”, claro está, proviene de adentro.
Mientras tanto, por la bronca e indignación, en una suerte de proceso irreversible, crece el antievismo en las calles de las ciudades. Con el capital político dilapidado, se quedarán sólo con su denominado voto duro, para otros, voto oveja.
El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón.
Columnas de ROLANDO TELLERÍA A.


















