Los harakiris políticos de Evo
El 25 de noviembre de 1970, Yukio Mishima, uno de los escritores más prominentes en la historia de la literatura japonesa contemporánea, llevaba a cabo su Seppuku o Harakiri, ese ritual japonés por desmembramiento que formaba parte del bushido, el Código Ético Samurai. Mishima, a la cabeza de la Sociedad Escudo, tomó por asalto el Campamento Ichigana junto a varios compañeros exigiendo la restitución inmediata de los poderes al emperador.
Sin resultado alguno, Mishima se vio ridiculizado por tal exigencia. Él, que se había rebelado constantemente contra una sociedad aletargada, permisiva y carente de moral política e ideológica, asumía su responsabilidad y su fracaso frente a sus exigencias con honor e hidalguía. Tomó su tanto, una daga, y se abrió el vientre de izquierda a derecha, como mandaban los códigos, asistido por su kaishaku, (ayudante), Masakatsu Morita, quien tenía el trabajo de decapitarlo y consumar el ritual. Pero Morita no fue capaz de hacerlo y minutos más tarde él también se hacía su Seppuku: con honor, heroicidad, voluntariamente y acompañando las convicciones inquebrantables de Yukio Mishima.
Esa determinación de Mishima, podría ser comprendida como una herencia ideológica que habla de la integridad y del honor como un principio y un final. Desde luego que ese final se asume como un código ético e insoslayable que lleva a elegir la muerte antes de fracturar el honor, de caer en las lenguas del infierno y destrozar los principios morales y éticos. Ser íntegro significa, pues, no temerle al enemigo, al que amenaza con corromper las convicciones para convertirlas en miseria, en podredumbre.
En América Latina, estamos muy lejos de asumir la vida y los acontecimientos basados en los códigos samurai, nadie se hace el harakiri por honor y gloria, para salvar los posibles errores y enmendarlos con la muerte. Ni siquiera un arrepentimiento público y lavado de conciencia. Nuestros gobernantes y todos los que conforman sus huestes son, de todas maneras, la antitesis de los códigos éticos, son la negación absoluta a ver la actividad de servicio como una encomienda sagrada.
Para el modus vivendi del político latinoamericano, estar en calidad de gobernante es estar bajo las órdenes y los efectos adormecedores del poder y, desde esa posición, afanar al prójimo y mandar al carajo los benditos códigos éticos existentes y por existir.
Pero sí podríamos hablar de la otra muerte, no física, sino política, que también da lugar a otra interpretación de harakiri: los despropósitos, imprudencias, acciones y exabruptos que toman muchos partidos y dirigentes políticos.
Ese es el caso del presidente Evo Morales Ayma, que, desde siempre, él mismo parece ser su peor enemigo, no sólo cuando dice incongruencias, sino cuando hace y encomienda ejecutar sus decisiones. Evo Morales siempre tiene un problema para cada solución. Pretende laurearse y se encebolla, como decía Vallejo. Desde hace mucho, el harakiri político de Evo tiene una marca registrada: ir siempre contra corriente, sin importar la temática central del asunto. Lo esencial es expresar y desintegrar toda lógica filosófica, social y política. Es un todólogo que opina y condena sobre lo que desconoce y lo indefendible, respectivamente, sin medir consecuencias ni posibles impactos posteriores.
Pero hay temas en los que realmente se agudiza impresionantemente su desproporción y su evidente harakiri. Temas vitales y delicados en los que sin duda se debe ser cauto y sobre todo justo antes de opinar.
La terrible crisis humanitaria que atraviesa Venezuela ya se cobró la vida de más de 120 personas. El dictador Maduro, no cesa en su megalomanía y reprime a su pueblo sin piedad. Hay condena mundial a un tirano que le niega la libertad y la democracia a su pueblo. Violación a los derechos humanos, presos de conciencia, torturas, corrupción, hambre y muerte. Entonces, sale Evo Morales a escena y sin pudor alguno, saca su daga verbal y se hace el harakiri político apoyando fraternalmente a un régimen opresor: “El plan del imperio es derrocar” al presidente constitucional Maduro “como un escarmiento a gobiernos antiimperialistas”.
– “Nicolás Maduro es un presidente democrático y como cada presidente, tiene sus problemas internos. Para nadie es oculto o secreto que detrás los problemas políticos en Venezuela, están los Estados Unidos, detrás de este golpe a Maduro están los intereses económicos de apropiarse del petróleo venezolano, tal como sucedió en Irak y Libia”.
– “Almagro está loco. Sólo quiere derrocar y sancionar al hermano Maduro. Intervención de gobierno de EEUU a Venezuela será su responsabilidad”.
– “Chile es el Israel de Sudamérica”.
Evo Morales, condena las sanciones unilaterales propuestas por el Congreso de Estados Unidos contra Rusia y advierte que tales medidas violan el derecho internacional.
– “El 21F ganó la mentira” y Evo justifica pedido de anular referéndum.
Evo Morales irá por una nueva reelección pese al rechazo en el referéndum.
El MAS aprueba levantar intangibilidad del Tipnis.
– “Habrá camino por el Tipnis, con o sin Evo Morales”.
Esta es una lista muy resumida de los constantes harakiris políticos de Evo. Sin contar, claro está, los escándalos de corrupción y líos de faldas que cercan la figura de un Presidente que no sale de una para entrar en otra.
¿En qué momento se jodió Evo? Se preguntan los que en su momento creyeron en él y lo apoyaron. Y sin duda las respuestas, especulo, tendrán que ver con una distorsión clara de lo que sostenía con aparente convicción y lo que hizo y hace sin importar el honor.
En el rito del Seppuku, el samurai se colocaba de rodillas y hundía una espada corta (wakizashi o tanto) por el lado izquierdo del vientre y continuaba el corte hacia la derecha.
Los harakiris de Evo también tienen otra característica que acentuaron su rechazo en sus filas ortodoxas: recorrer su daga política de izquierda a derecha.
El autor es comunicador social.
Columnas de RUDDY ORELLANA V.




















