El “Día del Peatón”
Gracias a una publicación en Facebook de mi amiga María Zabalaga, se dio un cálido diálogo respecto a la variedad de pajaritos que (aún) atesora Cochabamba. Uno de los asuntos que comentamos fue la adaptación de ciertas especies de passeriformes al vaivén de la urbe. Por ejemplo, los horneros, ante la ausencia de árboles, se ven en la necesidad de construir sus nidos en postes, ventanas de edificios, etc. Incluso, erigen “condominios” con sus casitas unas sobre otras. El hecho de evidenciar la asombrosa y dulce capacidad de sobrevivencia y adaptación de seres vivos que tanto subestimamos, llenó de buen humor y esperanza mi fin de semana.
Con ese ímpetu, salí a sentirme “celebrada” como peatona que soy en el “Día del Peatón” y con la expectativa de escuchar y observar aves. Y cual sucedió en otras ocasiones en las que me embarqué en ese intento, me arrepentí.
En Cochabamba, los peatones y ciclistas de todos los días somos los parias de la planificación urbana. Bajo una distorsionada, traumática e ignorante noción de “progreso”, hace tiempo que la administración pública responde casi únicamente, a los requerimientos de la cultura del cemento y del motor, no importando el costo social y ambiental que ello genera. Pareciera que en la ciudad (fenómeno que, lamentablemente, se replica en el resto del país) sólo existen transportistas, comerciantes y especuladores inmobiliarios, y para el resto muy bien se aplica el dicho “sálvese quien pueda”.
Por ende, peatones y ciclistas estamos sometidos a una suerte de escarnio público al recorrer las calles, a través de insultos, bocinazos y con el riesgo de ser atropellados por esos que tan diligentemente respetan las normas de tránsito. Igualmente, nos constituimos como afectados directos de la guerra contra los árboles y áreas verdes; cualquiera que es peatón o ciclista sabe lo que es transitar bajo el sol malsano y abrazador efecto de la deforestación. Lindo sería que autoridades y funcionarios, alguna vez, dejaran la comodidad y sedentarismo de sus vehículos y caminaran por la ciudad. ¡Ubicarían que no exageramos en el reclamo por la tala y daño a los árboles, sin contar la importancia de estos seres fundamentales para el ecosistema del cual dependemos!
En ese sentido, al amparo de la primacía de una cultura destructiva con la naturaleza, el “Día del Peatón” no solamente sabe a limosna con el fin de lavar las responsabilidades y conciencias de los depredadores cotidianos, sino que es fiel reflejo de ese contexto donde prima la soberbia, el cortoplacismo y la irresponsabilidad ambiental.
Ello se pudo demostrar con creces en el último “Día del Peatón”. Allende de que se configuró un gigante mercado, en parques y plazas abundaba la contaminación acústica mediante estridentes y ensordecedoras amplificaciones. De esa forma, entre “Radio Disney”, “Despacito” y el “hit” del momento, “Cara bonita” de Los Kjarkas; tropezando con comerciantes y sorteando escombros y basura que se regaron en cada resquicio del trayecto, desistí de mi incauta pretensión de escuchar aves y de caminar, aunque sea por un día, con tranquilidad.
Volviendo a mi casa con sensación de desencanto y encierro, cavilé que si tal espectáculo es prototipo de la “conciencia ambiental” de los cochabambinos, pues no se perfila más claro indicador de por qué estamos como estamos. ¡Y yo queriendo escuchar pajaritos en el “Día del Peatón” en Cochabamba! ¡Hay que ser muy ingenua!
La autora es socióloga.
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