Goni y el veredicto
Que los Estados Unidos haya permitido que el juicio sea realidad es laudable. Esto tiene muchas implicaciones para los mandatarios que se han manchado las manos de sangre inocente
Hay un dicho en inglés que dice: “don’t count the chickens before they hatch”, que significa: “no cuentes los pollos hasta que los cascarones estén abiertos”. El veredicto de culpabilidad a Goni y uno de sus ministros y la millonaria compensación para los familiares de las víctimas ha causado un ambiente de alegría y quisiera decir festividad. Planes para la distribución del botín ya están siguiendo su curso.
En mi opinión estos planes son realmente prematuros. Antes de que el veredicto sea realidad hay etapas de apelación que los abogados de la defensa pueden avalar. Además del tiempo que tomarán estas etapas de la justicia estadounidense, el resultado no es algo predecible y también puede ocurrir que el fallo final traiga como consecuencia una compensación menor a los millones del veredicto inicial.
Por otra parte, del monto total de compensación se pagará un porcentaje a los abogados y también todos los gastos ocurridos, que al final pueden sumar un 40 por ciento o más de la suma aprobada por el juez. Estoy seguro de que los beneficiarios van a despertar a una dura realidad.
El corolario de este juicio, sea justificado o no, tiene repercusiones que van más allá de los resultados.
Que los Estados Unidos haya permitido que el juicio sea realidad es laudable. Esto tiene muchas implicaciones para los mandatarios que se han manchado las manos de sangre inocente. Tiene que ser causa de insomnio para esos dictadores como Maduro y otros.
Todavía quedan países donde estos dictadores puedan encontrar albergue y seguridad para ellos y su nueva fortuna como Cuba, tal vez Nicaragua. Venezuela está al borde del precipicio. Casi no quedan santuarios para los que abusan del poder, a menos que quieran desterrarse a países como Irán. Creo que la China y Rusia ya no son santuarios para insignificantes exmandatarios y sus cómplices.
A través de los años, muchos mandatarios han sido juzgados y encarcelados por desvíos éticos, corrupción y abusos contra la integridad física de sus ciudadanos y otras nacionalidades. Fujimori, Pinochet, Noriega, más recientemente el populista Lula, son un ejemplo de la inexorable mano de la justicia, que recompensa el clamor del pueblo.
El autor es abogado
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