¡Una vida de perros!
A propósito de la lamentable muerte de una niña causada por “presuntas” mordeduras de un can de la raza rottwiler en Cochabamba surgen varias voces -en defensa o ataque- de las llamadas “razas peligrosas”; pero sobre todo dejan mucha tela que cortar respecto al comportamiento humano y no animal cuando suceden este tipo de tragedias.
Primero, resulta inverosímil que un caso tan trágico deba suceder para alertar a las familias y autoridades a buscar la reglamentación y aplicarla; Cochabamba cuenta con una ley sobre tenencia de animales peligrosos y con otra en cuanto a animales silvestres, pero todo el mundo hace caso omiso a la norma.
Segundo, decretar cárcel para la propietaria del can (que además es la abuela de la niña fallecida) es otro hecho que parece de telenovela; más aún cuando existe tanto malhechor traficando en las calles desde remedios falsos hasta terrenos ilegales. ¿No es acaso dolor suficiente el perder a un hijo en una familia?
Tercero, las voces acusadoras y defensoras de los animales saltan tergiversando los hechos, al punto de poner en duda el ataque y las mordeduras; todas basadas en supuestos y mentiras.
Cuarto, la poca preparación que tenemos los pobladores y hasta hospitales para actuar en casos de emergencia, pues la niña perdió muchas sangre y su familia tiempo en acudir por ayuda.
Quinto, el humano es la única especie que destruye su propio ecosistema y depreda todo lo que le rodea, pese a ser “la única especie pensante”.
Lectora asidua
Columnas de DOIMIQUE ARZELAS




















