Es hora de sentar presencia del Estado
La señora asumió las funciones de presidente cumpliendo lo que está escrito en la Constitución Política del Estado (CPE), luego de la protesta general de los ciudadanos que exigieron respeto a su voto, teniendo como misión transportar al país a un proceso electoral creíble y transparente, restableciendo la libertad y la democracia.
Sin embargo, dos meses después de los conflictos y 36 días desde de que juró a la primera magistratura, el panorama es sombrío para miles de bolivianos que viven en municipios donde es total la ausencia de efectivos de la Policía Boliviana y de fiscales del Ministerio Público para combatir la delincuencia. Es decir, no hay presencia real y efectiva del Estado, quedando los ciudadanos expuestos a una especie de suerte infeliz.
Es posible que el gobierno nacional haya alcanzado la pacificación y tensa calma en ciudades capitales, pero, en un buen número de municipios como Totora, Pojo, Pocona, Mizque, Aiquile, Omereque, Arque, Independencia, Bolívar, Capinota, entre otros, lo que ahora pulula es la inseguridad, pues los ciudadanos estamos sujetos a ser agredidos, ajusticiados e incluso linchados, y entonces los vecinos en sí del Cono Sur cochabambino tenemos que estar vigilantes para que los facinerosos no roben nuestros escasos bienes o destrocen nuestras viviendas; en síntesis, no existe autoridad ante quien se pueda acudir para denunciar, pedir que se investigue y se sancione a los autores, mientras observamos atónitos como los ministros de Defensa y de Gobierno prestan atención solo al trópico de Cochabamba dejando en total desgracia al resto de bolivianos que habitan en municipios intermedios y pequeños, como los señalados y, lo que es peor, esos servidores públicos repiten frases de gobiernos dictatoriales de 1976 y de 1980 que creíamos desterrados.
El panorama es similar o peor en otros municipios del interior país. Sin embargo, tengo la impresión que desde el Gobierno no están haciendo una lectura social y política de la realidad, ocupándose de realizar denuncias con “medias mentiras” sobre posibles irregularidades y actos dolosos de la gestión del expresidente huido, designando a sus compañeros de curso, amigos de grupos políticos o parientes cercanos no pensando en el país, sino en satisfacer intereses personales, mientras miles de hombres y mujeres de todas las edades que bloqueamos con “pititas, watitos y papelitos” logrando la renuncia y posterior huida de Morales, observamos azorados que esos objetos de tenacidad pacífica están siendo deshilachados por el accionar del Gobierno y su desidia para restablecer la presencia del Estado en gran parte de los municipios, y a ello se suman declaraciones inoportunas, incluso de la presidenta Añez.
Y en cuanto a los sistemas de salud y de justicia, estamos igual o peor que antes, centros hospitalarios sin personal ni insumos y “pillos” ediles que, sin explicar razones ni demostrar inocencia, están siendo beneficiados con decisiones judiciales por presiones desde el nivel central del Estado o de quienes creen que ganaron una elección y que la revolución de las “pititas” se debería a un par de “animosos” cívicos, cuando la realidad puso en evidencia que son los grandes perdedores y lo que realmente son.
El autor es abogado, profesor en la UMSS y exalcalde de Totora
Columnas de HENRY GONZALO RICO GARCÍA



















