La náusea
Sartre en su obra La náusea expone el detestable vacío que aquejaba al ser humano contemporáneo, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, y frente al horror de las consecuencias de la misma. El ser humano se enfrentaba a reconocer las acciones abominables que había llevado a cabo, bajo los argumentos más escalofriantes, por tanto, la razón de la propia existencia se encontraba en vilo.
Esa misma sensación de malestar, de repugnancia y asco intenso que se siente por algo, encaja perfectamente en la náusea, en lo que hemos experimentado estos últimos días con la postulación de candidatos, candidata y alianzas. Nuevamente ha sido la clase política la que provoca esta sensación de asco del quehacer de la política pragmática en la que los principios, la ética y mucho menos el debate ideológico y programático no tienen ni de refilón un papel central.
Pero las consecuencias del accionar político, no acaban con los retortijones estomacales y el sentido de vacío; sino que el efecto infame que generan en la población es la desesperanza, la zozobra y la carencia de la tregua precisa la sociedad boliviana, para llegar en las mejores condiciones al 3 de mayo. Si algo de legitimidad se estaba recuperando, el accionar de los últimos días nos sumió en un hastío prolongado que en definitiva nos demuestra cuán poco les importamos.
Y no son asunto menores las decisiones que van tomando los políticos, pues en definitiva se está jugando el futuro del país. Al mismo tiempo, estas acciones y decisiones generan una impotencia en el ciudadano de a pie, porque en el juego de poder y sus reglas solo tienen cabida las organizaciones políticas, encabezadas por algunos que hacen de caudillos o caudillas y otros de títeres. Y es lo que ocurrió el pasado viernes 24 de enero, el acto detestable, antiético, y nauseabundo, vino de la presidenta Jeanine Añez quien, perteneciendo a una minoría política en la Asamblea Legislativa Plurinacional llegó a ser presidenta transitoria del país. Por una serie de contingencias llegó al poder, y por tiempo determinado.
A esto se suma el antecedente de que en las entrevistas que se le hicieron cuando asumía su gestión, ella declaró que no sería candidata a la presidencia, puesto que su tarea principal era garantizar unas elecciones libres, transparentes y ejemplares, que devuelvan legitimidad y credibilidad a la democracia representativa, venida a menos.
En dos meses y medio de su mandato, tuvo aciertos como la conformación de un TSE confiable y el establecimiento de un calendario electoral. La segunda tarea, fue la de “pacificar” el país y lo hizo utilizando de manera excesiva el uso de la violencia y la fuerza. La última muestra, fue que hace pocos días, tuvimos un contexto de militarización innecesaria y exagerada, que puede tener consecuencias a futuro, especialmente en los avances que logramos en cuanto al derecho a la protesta, a la libertad de expresión, a la preservación de los derechos humanos. Puesto que si se asienta como políticamente correcto, para todo y por todo, sacar a las fuerzas armadas a las calles, entonces las manifestaciones por reivindicaciones y derechos implicarán enfrentarse a ellas, lo que es un retroceso enorme y antidemocrático.
El propósito principal de llevar a cabo un proceso de transición hacia un gobierno democrático –por medio de unas elecciones probas –será tirado por la borda como consecuencia de la angurria de poder, si Añez consuma su candidatura.
Una vez más la sociedad civil y su lucha están siendo vapuleadas y burladas. Sospecho que viviremos con esa sensación de náusea un buen tiempo, pero que la clase política no se confíe, la sabiduría del pueblo boliviano prevalecerá, y les enseñará de ética, del cumplimiento de la palabra y de las leyes.
La autora es socióloga y antropóloga
Columnas de GABRIELA CANEDO VÁSQUEZ


















