Entre el clímax del terror y sus obviedades
El coronavirus fue una sorpresa para el mundo, pero llegó a Bolivia luego de mostrar lo que puede hacer en otros países. Vimos a China paralizarse, las calles de Italia vacías, los estadios de España, y de otros países, sin fútbol. Fuimos espectadores de una película de suspenso cuyos hechos reales nos llevaban a la conclusión que su arribo a América era inminente y también las ciudades que se verían más afectadas, pero ¿qué hicimos como país?
La pandemia del coronavirus empezó en China; uno de los países con el que se tiene mayor intercambio comercial. Luego, azotó a Italia y España; donde hay una gran cantidad de bolivianos residentes y el flujo migratorio y turístico es constante. Entonces, era cuestión de tiempo; tiempo que se debió ganar en planificación.
Si se sabía que llegaría, ese, antes de su arribo, era el momento de pensar dónde haría más daño. Las ciudades con mayor población debieron ser candidatas: Santa Cruz, Cochabamba y La Paz. Más aún porque dos de estos departamentos son la puerta de entrada del exterior y uno es tránsito entre ambos.
La situación era obvia pero la crónica de una llegada anunciada no fue tomada en serio. Ahora le pregunto: ¿qué vio que se hiciera para precautelar la salud en estos tres departamentos? Aquí, los hospitales del Sur y el Cochabamba funcionan al 60 y 80% de su capacidad, por falta de personal. ¿Por qué no asumir, como primera medida, resolver esa carencia? Las autoridades se acordaron de eso en esta semana.
En todas las películas de terror, el fantasma siempre busca atacar al eslabón más débil. Es decir, en Bolivia debimos pensar; bueno, luego de Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, qué lugares son los más vulnerables de sufrir una catástrofe así tengan sólo un par de casos. La respuesta era obvia nuevamente. Pando no tiene siquiera un hospital de tercer nivel y Beni, un sistema de salud por demás precario.
Pero Beni jugó al inmortal algunas semanas. Con las cifras en cero creían que la veloz pandemia quizá podría pasar por el país sin tocarlos; pero ni veloz, ni inmortales. Hoy nos tienen con la mirada puesta en sus acciones con el ruego de toda Bolivia que desea la recuperación de este departamento.
Pando ahora ve con horror a su alrededor. Está cercado, cree que no tiene escapatoria. Brasil y Perú son dos de los países con cientos de miles de casos de coronavirus y están en la frontera con este departamento y un poco al sur occidente se encuentra Beni.
De nuevo la pregunta, ¿Qué se hizo para prever esta situación en ambos departamentos? En Pando hay un hospital de tercer nivel a poco de terminarse y Beni, pues es nuestra gran deuda sanitaria.
Finalmente, en todas las películas de terror hay personajes que están ahí viviendo el temor y, de rato en rato, tienen sobresaltos, pero no enfrentan mayor peligro. Algo así ocurrió con Oruro, Potosí, Tarija y Chuquisaca. Debemos atender sus necesidades y mejorarlas en la medida que se verán afectadas.
Pero como en toda película de terror, gritamos cuando los personajes harán algo estúpido. Cuarentenas a destiempo, respiradores cuestionados, médicos llorando por falta de insumos, laboratorios colapsados, políticos que priorizan más seguir sonriendo a las doñitas en lugar de trabajar. Y, ¡caramba que me hierve la sangre cuando una autoridad convoca gente sólo para que le aplaudan!
¡No!, no hagas esa estupidez le gritamos a la tele, pero resulta que son las noticias y esta película de terror es verdadera. Pasaron tres meses de tener el virus en Cochabamba y las obviedades se obviaron y nuestra adrenalina está en su máxima expresión.
Espero que se logre la prevención, así como sueña la Ministra de Salud que prefiere decir que la solución no es habilitar más unidades de terapia intensiva, sino evitar llegar a ellas. Bueno, señora Ministra, lamento decirle que eso es un poco tarde. La gente ruega atención durante días y llega al hospital sin poder respirar porque no hay espacio en los hospitales. Cuando por fin les toman la muestra, pasa casi una semana hasta que se logra conocer el resultado, porque los laboratorios colapsaron.
Entonces, la gente termina llegando a esa fatídica terapia intensiva, colapsada e insuficiente. Algunos son abrazados por la muerte y yo creo que hasta ella se enoja, porque ese cadáver que se lleva aún tendrá que esperar su turno en el crematorio. Así es, nuestra película de terror colapsó hasta la morgue.
El final está lejos, pero depende de cada uno que no sea un pésimo final.
La autora es periodista
Columnas de LORENA AMURRIO MONTES

















