Notas sobre el colonialismo
Antonio de Nebrija logró la unificación del castellano el año en que Colón descubrió América, es decir, en 1492. Dice el Diccionario de Nebrija que la palabra “civil”, civilis, significa tanto urbano, cortés, de buenos modales y otras cualidades como también artero, doble, venido a menos, en contraposición a la palabra “militar”, militaris que significa noble, sincero, magnánimo, perteneciente a una Orden.
Con esta mentalidad de la Edad Media llegaron los conquistadores castellanos, que eran los menos modernistas, pues su fervor católico se asemejaba al del Islam, cuando convirtió a sangre y fuego a los infieles. Los castellanos eran buenos guerreros y 10 años después de la llegada de Colón invadieron y conquistaron el reino de Navarra, incluido el País Vasco. Llevaron e instituyeron allí la Inquisición y en poco tiempo torturaron y quemaron a un millar de mujeres, a quienes les hacían confesar, bajo tormento, que el diablo les hablaba en euskera, el idioma nativo de los vascos. Similar política desplegaron en México, donde a los naturales les arrancaban que el diablo les hablaba en náhuatl, o en Lima, donde el diablo les hablaba en quechua.
Tanto combates al enemigo, que acabas por parecerte a él: los castellanos cristianos traían el fervor musulmán para evangelizar, aunque no pocos caballeros, el Cid entre ellos, sirvieron a señores musulmanes.
La diferencia con los colonos ingleses de Norteamérica salta a la vista: éstos no querían evangelizar sino destruir y aniquilar a los indios, considerados infieles y llenos de pecado, como pertenecientes a la naturaleza. Martín Lutero los consideraba así, y quizá por eso los ingleses exterminaron a los naturales, a diferencia de los españoles, que trataron de convertirlos.
Los protestantes eran parte de la Modernidad: trajeron la libertad de cultos; en cambio, los españoles trajeron la ortodoxia medieval para someter a los otros (indios, moros, judíos) y obligarles a convertirse al catolicismo o morir en la hoguera.
Algunas de estas observaciones son de Octavio Paz, el Premio Nobel mexicano, a quien Nueva España (México) no le parecía una colonia; pero llegó Aníbal Quijano, profesor peruano en una universidad de Nueva York y en la Flacso, y sentó la cátedra de la colonialidad del poder. Con todo, Paz tenía razón en dos puntos: 1) Que hubo una crisis económica severa en España en el siglo XVII, de la cual no se recuperó más; pero México siguió cada vez más arriba con el auge de la minería: y 2) Que las rebeliones indígenas se produjeron por causas internas, como ser la extrema crueldad de la Conquista y la Colonia; mientras las rebeliones criollas ocurrieron por causas externas, como una disputa en la cumbre, entre los españoles, que tenían el poder político y los criollos, el poder económico. Éstos fundaron las repúblicas y prolongaron las relaciones de señorío hasta nuestros días.
Aníbal Quijano es conocido por haber formulado el tipo de dominación colonial: el patrón de dominación colonial, que era división del trabajo según el color de la piel.
El colonialismo decretó que el “color” era el criterio de diferenciación biológica para distinguir a los europeos (blancos) de los africanos (negros) u otras razas (gente de color). Este fue fruto de la colonización británica en África. Ya en Norteamérica, llamaban a los naturales red skins, pieles rojas, pero en África distinguieron entre negros y blancos. En Europa, nunca antes de 1492 se pensó en los africanos como negros, y se los conocía desde la Antigüedad con la conquista de Egipto y el norte de África por los romanos.
Los ingleses crearon una nueva ciencia, la antropología, para estudiar a los pueblos de color. Hasta hoy las razas se dividen por el color: hay raza blanca, negra, roja, amarilla e incluso aceitunada. El color fue un invento británico. No hay antecedentes en 100 años de literatura colonial española sobre el uso del concepto de color.
El autor es cronista de la ciudad
Columnas de RAMÓN ROCHA MONROY



















