Cochabamba: desafíos económicos pospandemia
Así, como si nada, va terminando septiembre. Han pasado siete meses de la pandemia en Bolivia, hemos pasado los festejos cochabambinos y dado comienzo a la primavera. Celebramos nuestro mes aniversario con la satisfacción de la aparente disminución de contagios y con una tensa calma que nos impulsa a buscar la reactivación de la economía. Empero, pese a la ilusión, la pandemia está lejos de terminar y el descalabro generalizado ocasionado por ella se agudiza. Pareciera que, después de todo, el sol radiante de septiembre no está verdaderamente brillando para nosotros.
En Cochabamba, si bien el impacto económico de la pandemia es altamente visible, el problema empeora pues tiene también raíces estructurales. El departamento viene arrastrando un estancamiento en su desarrollo desde años atrás; parte de ello lo demuestra la participación del departamento en el PIB nacional, que se ha ido reduciendo paulatinamente de 18,7% en el año 2000 a 14,8% en el 2019.
La participación del sector productivo ha disminuido en el PIB departamental, reflejado en la disminución de las industrias manufactureras de 22,77% en 1990 a 13,56% en 2019 y de la agricultura de 18,83% a 10,5%, según el INE. Respecto al comercio, se conoce que ha habido un incremento en las actividades informales, cuyas condiciones –más en un contexto como el actual– pueden tender a la pobreza y la precarización laboral. El sector terciario, por su parte, ha aumentado su participación en actividades económicas como transporte, establecimientos financieros, seguros, servicios de la administración pública y otros, pasando de alrededor del 28% a más del 46% del PIB departamental, en ese mismo periodo.
Como se puede ver, Cochabamba ha volcado su desarrollo al sector servicios, perdiendo la vocación productiva que la caracterizaba (agricultura y manufactura). El problema es que sostener el desarrollo únicamente en el sector servicios sin una contraparte productiva, puede repercutir en una ralentización económica a mediano y largo plazo, como se ha evidenciado, ya que el sector productivo es el que genera mayor valor agregado, formación de capital, mayor empleo e ingresos que son más sostenibles en el tiempo.
Para hacer frente a dicha situación se deben generar otras actividades productivas con las que repuntemos a nivel nacional; razón por la cual las autoridades han generado una estrategia de desarrollo que persigue una economía del conocimiento. En ésta, idealmente, Cochabamba adoptaría el rol nacional central de generación de conocimiento, ciencia, formación de capital humano e innovación tecnológica para el beneficio de diversas actividades económicas más competitivas y sostenibles en el tiempo.
Si bien la estrategia es prometedora, el verdadero desafío está en políticas y acciones concretas para ejecutarla y así lograr el desarrollo productivo y la dinamización de la economía. Para ello, es urgente la generación de liderazgos que la impulsen, la democratización del conocimiento, el apoyo a investigaciones de impacto, participación activa de actores locales, inversión pública apropiada, eliminación de la corrupción y actitudes clientelares, normativa que favorezca los emprendimientos, fortalecimiento tanto del acceso como de la calidad de la educación.
El gran desafío es que todos los cochabambinos debemos hacerlo posible, con trabajo conjunto, interinstitucional e interdisciplinario para alcanzar las metas propuestas, impulsar el desarrollo económico departamental y mejorar nuestras condiciones de vida y de las generaciones futuras.
La autora es economista
Columnas de FÁTIMA ZAMBRANA ALMARAZ





















