Si ganara el MAS en primera vuelta…
Quizá el oprobio y la ignominia se abatan sobre sea quien sea que salga tercero en las elecciones. Sobre sea quien sea que salga cuarto, o quinto… Pues será por culpa de ellos que habrá ganado el MAS. Por culpa de ellos será que los más torpes, los menos preparados, los menos inteligentes, los más violentos y más corruptos de la población boliviana, serán los que se hayan llevado la corona.
Antes aclaremos, en todo caso, que si el MAS ganara en primera vuelta ello no sería porque “el pueblo boliviano” lo hubiera querido –como dijo un desubicado. Sería simplemente por la dispersión del voto opositor. En una contienda de uno a uno, se sabe, el MAS pierde, y con mucho. Lo que la mayoría de la población boliviana quiere, seguro que más del 60%, y como lo demostró en las barricadas, es sacar fuera a Evo el Fraudulento y al MAS. (Que son absolutamente lo mismo: sin Evo el MAS dura poco más de lo que duró Condepa sin Palenque).
Pero Camacho, Quiroga y Chi, en los hechos y digamos sus nombres, se han propuesto impedir la victoria del pueblo boliviano sobre el MAS.
Cada uno de ellos aduce que las encuestas son un engaño y en realidad soy yo, dice cada uno, el verdadero segundo. El que podría… Entregados a su propio desvarío, no pueden bajarse. Hacerlo sería pulverizar su propio ego, y antes que eso prefieren pulverizar el país. En aras de la irrealidad, prenden el fósforo de una realidad distorsionada y con olor a pólvora. Es la misma psicología que la de Evo, o la de Trump, su doble inverso. Si no soy yo, que sea el diluvio.
Lo que está en juego es demasiado: de ganar el MAS en primera vuelta (y por culpa de esos señores), se habrá acabado inmediatamente la democracia. No volverán a haber elecciones normales. Y Bolivia entrará en un oscurantismo digno de la huida masiva, a la venezolana. Vendrán las venganzas del Fraudulento, el hambre se enseñoreará, ya pasadas y despilfarradas las vacas gordas, y se verá el robo generalizado, el narcotráfico, el hostigamiento a la empresa privada, la inmediata presencia y ocupación cubanas, la destrucción final de las instituciones, el enseñoramiento –otra vez- de los más incompetentes. Todo eso es lo que ocurriría. Gracias a esos señores y a quienes voten por ellos.
Estas no son unas elecciones cualesquiera, no son unas elecciones más. Interponerse al segundo en las encuestas, y por tanto posibilitar esa victoria del MAS, no es un simple pecado venial político. Es un pecado mortal.
Pero quizá debí haber empezado aclarando, de entrada, que ni soy un mesista, ni creo, en absoluto, que Mesa sea capaz de afrontar lo que viene. Ni él ni nadie conocido, en verdad. Mesa mismo, me importa un comino y no tengo la mínima adhesión hacia él (aunque sí me cae bien su vicepresidente y muchos de su equipo).
Lo que está en juego no es como para que esos señores que apuestan al milagro sobrenatural, lo jueguen todo y nos arruinen a todos, apostando a la ruleta de un quizá narcísico. A un “ahora sí, esta vez sí”, que musitan, llenos de fe irracional, los futuros perdedores que nos perderán, junto con ellos, a todos. No tienen derecho moral a hacerlo, digo yo.
No hablaré aquí de los supuestos programas de cada uno de estos adalides de la fantasía, ni de sus aciertos ni de sus falencias. No importan en absoluto, puesto que pronto no volveremos a oír de sus burbujeantes ficciones.
Para quienes queremos que se vaya el MAS, no se trata de qué candidato de la oposición es mejor que el otro, a cuál detesto menos o qué programa de gobierno tiene cada uno, mejor, peor, etc. De lo único que se trata, ahora mismo, es de sacar al MAS y para eso, por simple aritmética, se vota por el segundo en las encuestas. Sea quien sea.
Otra cosa importante: ese segundo (suponiendo que las cosas sigan el rumbo que las encuestas y el sentido común más o menos prevén), tiene que ser un segundo contundente, por escasa diferencia. Que no deje lugar a dudas.
Porque, si el 19 de octubre el MAS tiene un resquicio de discusión, cualquier artilugio o trampa con que negarse a una segunda vuelta, la empleará.
Preferirá los escenarios de guerra civil.
Sabiendo que en una segunda vuelta pierden, se dedicarán, con todas sus fuerzas, a impedir esa misma posibilidad. Es decir: si el segundo está, digamos, a ocho puntos (lo cual, legalmente ya da lugar a una segunda vuelta), se negarán. Gritarán. Dirán que esto, que lo otro, y convulsionarán el país antes que aceptar una segunda vuelta. Pero si resulta que la distancia con el segundo es muy corta, (3,4,5 puntos), ya no le será tan fácil, al Fraudulento, desconocer el resultado. Todo el mundo estará mirando.
Desde La Habana (que ve en Bolivia un territorio a explotar, tal como lo hace con Venezuela y ya empezó aquí con la madera) a los integrantes del Foro de San Pablo (que es más que nada un cártel de la corrupción) hasta los países que se inquietan por la suerte de la democracia: todos estarán mirando. Por lo tanto, es absolutamente imperativo que todos concentremos el voto en quien sea segundo.
Ahora, si las cosas fueran para peor (es decir si volvieran el Fraudulento y su mafia), en todo el mundo nos verán y considerarán, a los eternamente desgraciados bolivianos, como requetebrutos. Con razón. Y señalarán la foto, diciendo: estos tienen la culpa.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.

















