Caudillos cuestionados
La definición de candidatos para las elecciones subnacionales que tendrán lugar el 7 de marzo próximo está provocando unos remezones de similares características en el MAS y en los Demócratas.
Si bien las controversias y descontentos no tienen el mismo alcance espacial en ambos casos, pues las de Demócratas se circunscriben a Santa Cruz, mientras que las del MAS se producen en ese y otros departamentos.
No es casual que Santa Cruz sea el escenario de los remezones partidarios en esas organizaciones, pues este es el departamento más poblado, el de mayor actividad económica, y su capital, el municipio más importante de Bolivia. Eso implica que su Gobernación y el Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra disponen de los mayores presupuestos de su tipo en el país.
Sin embargo, hay otro aspecto significativo en las remezones que atraviesan esos partidos, de ideologías opuestas, por el tema de las candidaturas: los dos están liderados por personajes que llevan un tiempo similar dirigiéndolos, y ambos líderes toman decisiones que son cuestionadas por una parte de sus seguidores. Es la primera vez que ocurre esto, y, aunque de maneras distintas, las desavenencias se han manifestado públicamente.
En el caso del MAS, su líder máximo recibió desde gritos hasta una silla en la cabeza. En el de Demócratas, dos de sus líderes más importantes se fueron del partido dando un portazo.
“No queremos que imponga a nadie (como candidato); queremos que escuche a las bases (…) queremos sugerirle que no se meta. Hay una estructura política que tiene que elegir a distintos cargos, tenemos estatutos, reglamentos que tienen que respetarse”, decía hace tres días un dirigente de los Interculturales, uno de las organizaciones más importantes de las que sustentan al MAS, refiriéndose al jefe máximo de ese partido.
“Me parece inaceptable la conducta caudillista que usted ha asumido (…) imponiendo decisiones y candidaturas sin tomar en cuenta los méritos en el compromiso con la causa democrática, la contribución a la construcción partidaria y los distintos niveles de apoyo público”, le dice al jefe nacional de Demócratas, el que hasta anteayer era el segundo hombre de ese partido, en su carta de renuncia.
En ambos casos, se cuestiona al líder principal de cada partido por no respetar los procedimientos establecidos en los estatutos de esas organizaciones e imponer sus decisiones desdeñándolos. Es cierto que en ambas circunstancias existen intereses personales que motivan el descontento. Pero no es menos cierto que son una muestra de que el rol de los caudillos políticos evidencia un desgaste que parece irreversible. Es de esperar que eso sea un impulso para la necesaria democratización de las organizaciones políticas y el respeto a sus estatutos.


















