Pandilleros vs. terroristas sediciosos
No puede ser más bellaco, mucho más si se toma en cuenta que ha sido presidente de Bolivia durante 14 años. Llamar pandilleros a los del Oriente, porque les tiene resentimiento, es una ofensa, una acusación muy grave que confirma que el cocalero Evo Morales es un atrevido.
Pero veamos el menosprecio desde otro ángulo, tomando el oprobio como de quien viene.
De existir esos pandilleros a los que se refiere, ellos serían incapaces de hacer lo que hizo el cobarde llorón cuando huyó a su guarida en México. El haber ordenado a sus vándalos que cerquen las ciudades y no dejen ingresar alimentos, es grave. A eso se le llama terrorismo y sedición. Un delito de lesa humanidad que solo a él y al amanerado que tenía de vicepresidente, se les pudo haber ocurrido.
Esa orden macabra y propia de mentes enfermizas, confirma el peligro constante al que estaba expuesto el país desde que fueron elegidos ese par de déspotas que recurrieron a todo tipo de artimañas para perpetuarse en el poder. La lista de atentados terroristas y de sedición es larga, desde antes y, sobre todo, después de su huida. Es necesario mencionar algunos de ellos:
La masacre del hotel Las Américas en Santa Cruz. El intento de hacer estallar la planta de almacenamiento de gas licuado en Senkata, El Alto, la quema de 64 autobuses Pumakatari en La Paz. La amenaza de los cocaleros del Chapare de invadir la ciudad de Cochabamba para causar destrozos y muerte. La quema de casas de periodistas y defensores de la democracia. Hay más:
Los asesinatos de sus propios partidarios durante los actos vandálicos, por parte de francotiradores nacionales y extranjeros. Los destrozos de las ciudades por las huestes masistas bajo la consigna de "ahora sí, guerra civil", etc., etc. De no haber sido por la intervención de las FFAA y la Policía; hoy Bolivia seguiría de luto, llorando la muerte horrenda de miles de víctimas inocentes. Esos hechos deben ser investigados, pero, curiosamente, están haciendo desaparecer las pruebas.
Todos esos incidentes son la prueba suficiente para vivir en un estado de zozobra y para afirmar con vehemencia que ellos son los verdaderos pandilleros. Saber que esos sujetos todavía andan sueltos es señal de peligro, de inseguridad. Al respecto, Es imperativo exigir un pronunciamiento del presidente Luis Arce y del vicepresidente David Choquehuanca. Deben hacerlo por respeto a los bolivianos, quienes les dieron su voto para que dirijan los destinos del país.
Ellos están en la obligación de dar a conocer su posición. O están para gobernar y dar seguridad a los más de 11 millones de ciudadanos, o son cómplices de ese par de delincuentes sediciosos y su élite de pícaros. Por otro lado, las autoridades del Oriente, deben denunciar ese hecho ante organismos internacionales. Se debe ver la forma de llevarles ante un tribunal Internacional por todos los abusos cometidos. Intentar un juicio en Bolivia sería una pérdida de tiempo, porque la justicia está podrida.
El autor es especialista en integración y gestión de conflictos
Columnas de RUBÉN CAMACHO GUZMÁN


















