Heroína
¡Cómo abunda el culto a “héroes” militares en América Latina y específicamente en Bolivia! Se levantan monumentos de piedra y concreto a supuestas “glorias” que suelen conllevar el contexto de guerras y conquistas mezquinas y terminamos creyendo que la “patria” se reduce a izas de banderas y repetir mecánicos himnos.
Por otra parte, ¡cómo atestan las historias de superhéroes en la cultura popular y cómo nos encantan, envuelven y conmueven sus fábulas de buenitos y villanos!
No obstante, ¿nos pusimos a pensar cuánto han hecho por el bien común real los héroes militares y los superhéroes ficticios más allá de los mitos? ¿Nos pusimos a pensar en las circunstancias de héroes y heroínas de carne y hueso que literalmente dan su vida por el bien común? ¿Aquellos/as de los que no se yerguen ni monumentos ni estatuas, los/as que un Estado indolente mantiene en un abandono histórico y constante?
Estamos cansados de saber que por estas épocas los loteadores, agronegociantes, usureros y pirómanos de toda laya se dedicarán a incinerar bosques, selvas y cerros. Sin embargo, ¿qué hace la institucionalidad pública para prevenir y evitar los desastres? ¡Pues no mucho, porque tal parece que los que controlan los hilos del poder son justamente ellos! ¡Tal vez por eso, para ellos, valen más las estatuas vacías y los mamotretos suntuarios que miles de hectáreas de vida tangible que se dejan a la voracidad del fuego, sagradamente, cada año!
Una vida humana más se han cobrado los incendios que asolan este infortunado país. Una mujer joven, con mucho por delante y un hijito pequeño, ofrendó su existencia tratando de salvar ese bien común que arde a su suerte. Ella sí es una verdadera heroína, como el resto de bomberos/as y voluntarios/as que sin sueldos dignos y menos reconocimientos, dedican su tiempo a labores de salvataje y rescate y a tratar de apagar lo que la saña usurera pretende sacrificar para su egoísta beneficio.
Seguramente no faltarán demagógicos discursos de quienes tienen en sus manos los recursos y bienes públicos por esta injusta pérdida, pero ello no evitará que en lo que queda del año y al siguiente y al siguiente y al siguiente, continúen, sagradamente, los incendios y los mismos escenarios de tragedia.
La autora es socióloga
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA





















