Ecoturismo sí, extractivismo no
Es un orgullo que una publicación de prestigio mundial como National Geographic se refiriera al Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi como una de las zonas con más biodiversidad del planeta y uno de los 20 lugares con mayor interés turístico en el orbe. Por contar con zonas como el Madidi en distintas regiones, con gran acierto Bolivia impulsó una política de Estado para las áreas protegidas y la conservación, que derivó en la creación de más de 60 áreas protegidas y 22 parques nacionales en casi el 17 por ciento del territorio nacional; sin embargo, a medida que transcurren los meses esa política de Estado retrocede y se debilita ante la voracidad del extractivismo que quiere arrasar con estos santuarios para la biodiversidad.
Este avance al parecer irrefrenable sobre los parques nacionales tiene fundamento político e ideológico en posiciones como las del exvicepresidente Álvaro García Linera, que en 2017 afirmó que las áreas protegidas son un invento de los gringos para apoderarse de los recursos naturales del país.
Bajo esta pobre concepción, es explicable, por ejemplo, que en la actualidad YPFB quiera ingresar a la Reserva Nacional de Fauna y Flora de Tariquía, para ejecutar tareas de exploración petrolera, sin considerar que en esa zona biodiversa se originan las lluvias que dan vida al valle central de Tarija y a sus habitantes; la urgente necesidad de explotar combustibles fósiles, para contar con más ingresos inmediatos, no permite que el Gobierno comprenda que las pérdidas derivadas de los daños irreparables a un área protegida son infinitamente mayores que las posibles ganancias por la extracción de hidrocarburos. Tal es el núcleo del extractivismo y de quienes lo propugnan: la renta inmediata sin reparar en sus elevados costos en el largo plazo, en este caso ambientales y con grandes perjuicios para el desarrollo sostenible. Una operación extractivista compromete y grava el patrimonio de las futuras generaciones a cambio de unas monedas.
La miopía extractivista de los gobiernos masistas es más que evidente, también, en lo que actualmente sucede en el Madidi. Si se asume que el MAS es la suma de intereses de dirigentes del corporativismo, entre ellos del cooperativismo minero, no es casual que, como se ha denunciado en marzo de este año, la minería aurífera en el Madidi ya haya rebasado el sistema de vigilancia y de sanción. Las recientes denuncias de una comisión parlamentaria que estuvo en la zona de Chushuara, próxima al Madidi, revelan ya se opera inclusive con dragas a cargo de extranjeros, que se caracterizan por ser grandes depredadoras del medio ambiente.
Las áreas protegidas donde tendrían que desarrollarse más políticas y programas de ecoturismo, por ejemplo, que pueden aportar inclusive más ingresos que la minería aurífera contaminante o la explotación sin perspectivas comerciales de hidrocarburos, se convertirán, si persiste la ideología del extractivismo, en desiertos, con la complicidad de autoridades que deberían preservar esos parques llenos de biodiversidad para las próximas generaciones.





















