Menos mercurio, más vida
Bolivia es uno de los países que requiere reducir o controlar el uso del mercurio en las actividades mineras, para proteger sus ecosistemas y la salud de la poblaciones principalmente indígenas que viven cerca de los ríos contaminados por los residuos tóxicos de este metal.
La celebración, ayer, del Día del Compromiso Internacional del Control del Mercurio es una ocasión propicia para divulgar las consecuencias negativas del comercio del mercurio y resaltar los esfuerzos que se realizan para controlar su utilización indiscriminada, además de educar a la población sobre cómo contribuir a reducir la contaminación por mercurio.
En Bolivia, los usos del mercurio están asociados principalmente con los procesos de la minería aurífera para separar el oro de otros materiales con los que se halla en su estado natural.
Sin embargo, el país es uno de los primeros importadores de mercurio a nivel internacional, por el uso que se le da para la actividad minera legal e ilegal, según un boletín estadístico del Viceministerio de Comercio Interno con datos del año 2020.
El uso del mercurio se constituye en un dilema, porque así como es útil para la economía, su uso excesivo o descontrolado puede tener un gran impacto en el medioambiente y la salud de las poblaciones cercanas a los afluentes que se contaminan, porque es un metal líquido tóxico que se volatiliza fácilmente.
De acuerdo, con una publicación del portal Mongabay, de 2023, en Bolivia la cantidad de mercurio que se importa aumentó en un 60 por ciento en los últimos años: el país pasó de comprar 15,8 toneladas en 2012 a 94,7 toneladas en 2022. Y, buena parte se destina a la minería artesanal y a pequeña escala, que es menos controlada por la normativa ambiental de Bolivia.
El informe sobre el impacto en la salud da cuenta de que al menos 36 comunidades de los pueblos indígenas ese ejja, tsimane, moseten, leco, uchupiamona y tacana están afectados por los residuos del mercurio, probablemente, por el consumo de peces contaminados con altas dosis de mercurio.
Los resultados indicaron que el 74 por ciento de las personas evaluadas tenían niveles de mercurio que superaban los límites permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los pueblos indígenas que viven en las riberas de los ríos Beni y Madre de Dios figuran entre los más afectados.
Esos datos deben servir para reflexionar sobre cómo controlar el uso del mercurio y diseñar estrategias para una mejor protección del medio ambiente. También, son fechas propicias para que en lo personal se analice sobre la importancia de la madre tierra y cómo las acciones del hombre influyen en su conservación.

















