La revolución de La Paz
Ayer, 16 de julio, se conmemoró un aniversario más de la revolución que hace 216 años, el 16 de julio de 1809, derrocó al gobierno local que meses antes había comenzado a tambalearse debido a la acefalía que se produjo en la corona española como consecuencia de las invasiones napoleónicas.
La importancia de lo que ocurrió ese día es algo que, tanto por sus causas como por sus consecuencias, marca todavía muchos de los rasgos de la vida política no solo en La Paz, sino también a escala nacional.
Reflexionar sobre ello sigue siendo importante pues hoy, como hace 216 años, cuanto ocurre en La Paz influye en toda Bolivia. Y son tantos y complejos los desafíos que esa ciudad y ese departamento deben afrontar, que se puede afirmar que de la manera como sean encarados dependerá en gran medida la suerte del país entero.
A La Paz, como tercera ciudad más grande del país, se le presentan nuevos retos urbanos debido a la incesante migración y la expansión de su área metropolitana que la une con la vecina ciudad de El Alto y con otros municipios.
Aparte de ello, también enfrenta la urgente necesidad de renovar su base económica pues es evidente que pretender perpetuar el centralismo administrativo como principal fuente de sustento de sus habitantes es algo que, además de no tener futuro, causa mucho daño al resto del país y, con excepción de quienes directamente se benefician de la burocracia gubernamental y sus efectos multiplicadores, daña también a las demás provincias de ese departamento.
Conscientes de todo lo que eso significa, muchos paceños han dedicado sus mejores esfuerzos a la diversificación de la base económica de su departamento y a la conquista de espacios autonómicos de gestión de sus propios recursos.
Frente a ellos, con un vigor similar o aún mayor, las corrientes que marchan en sentido contrario se han esmerado en perpetuar la dependencia paceña del erario nacional a través de un desmesurado centralismo político y administrativo, aun a costa de destruir, o por lo menos dificultar, la diversificación productiva y la construcción y fortalecimiento de las autonomías municipales y de la departamental.
Son tan profundas las raíces de esa pugna, que no es casual su frecuencia entre el gobierno departamental y los municipales, por una parte, y las fuerzas que actúan en nombre del gobierno central, por la otra.
No menos profundas son las raíces del espíritu que anima a los paceños, donde sea que vivan, pues como reza el lema inscrito en su escudo: “Los discordes en concordia en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron para perpetua memoria”.
Así, es seguro que esa esencia tan suya dirige sus voluntades y energías a conservar y engrandecer la maravilla planetaria que es su ciudad, y su departamento.


















