Las lecciones de la partida de Miguel Uribe
Con la trágica muerte del senador colombiano y precandidato presidencial por el Centro Derecha, Miguel Uribe Turbay, Colombia país quedó nuevamente sumido en el daño devastador de la violencia política que ha azotado a ese país por décadas.
El fatídico 7 de junio no sólo el joven político, Miguel Uribe, de 39 años, fue víctima del atentado que dos meses después segó su vida; sino, también los colombianos que rechazan la violencia venga de donde venga.
Fueron dos meses difíciles para la familia Uribe Turbay y también para los ciudadanos que condenaron el atentado y siguieron día a día la evolución de la salud del maltratado, esperando un milagro. Sin embargo, la madrugada del 11 de agosto, el destacado político y opositor al gobierno perdió la vida.
En estos dos meses, las autoridades policiales han extremado esfuerzos para dar con los autores intelectuales del atentado contra el senador el 7 de junio, en un barrio de las afueras de Bogotá, donde acudió a dar un discurso ante sus seguidores.
En pleno acto y mientras se dirigía al público ni él ni sus escoltas ni la seguridad del Estado se percataron como se acercó sigilosamente un adolescente hasta llegar a su lado y le disparó tres veces, sin que nadie pudiera hacer algo para impedirlo.
El ataque que quedó registrado en los teléfonos celulares de los asistentes y en las cámaras de seguridad del lugar. De esa forma no sólo Colombia; sino, el mundo veía cómo en un abrir y cerrar de ojos se violentaba a un candidato que sólo exponía su punto de vista, su propuesta, su forma de ver a su país y, claro, también sus críticas, sus denuncias y oposición
El atentado contra Miguel Uribe, de 39 años, se ha convertido en una arremetida de la violencia política contra Colombia y ha puesto en evidencia que ese país, como muchos otros, aún tienen mucho camino por recorrer para alcanzar una paz duradera.
En ese trayecto los países heridos por la violencia están obligados a desentrañar el fondo de la violencia que no cesa y que golpea a inocentes.
¿Cuál es el caldo de cultivo de la violencia que, incluso, usa niños para derrotar al adversario? ¿Qué lleva a que se deshumanice al oponente? ¿Cómo la delincuencia, el narcotráfico y las células de las guerrillas se unen para perpetrar este tipo de atentados? Y, ¿podrá la justicia hacer que los responsables respondan por sus actos?
Después de tanta tragedia, la familia Uribe sólo pide justicia, pero, aquella que fortalezca la democracia para que se dejen de contar víctimas, muertes y de tener a un país herido.
La muerte de Miguel Uribe demuestra que cuando se deja de ver al oponente como un ser humano con ideas diferentes se puede abrir una espiral de violencia difícil de contener.















