Familias vulnerables y decisiones crueles
En los rincones más olvidados de Bolivia, donde la pobreza es extrema, se desarrolla una tragedia silenciosa: la violencia hacia a los niños y su forma más cruel: los infanticidios.
Algunos son perpetrados por abuelas que, al verse solas y sin recursos para alimentar a sus nietos, toman la dramática decisión de quitarle la vida a uno de ellos.
Esos actos, terribles y tristes, no sólo son delitos, sino que se constituyen en un síntoma doloroso de las duras condiciones en las que viven muchas mujeres, en particular las abuelas que se quedan al cuidado de sus nietos, pero sin oportunidades de generar recursos para sustentarse.
Lo ocurrido en Potosí el fin de semana con el hallazgo de una abuela y su nieta sin vida develó la difícil situación que afrontan varias familias en Bolivia, aunque los índices de pobreza se han reducido, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Hasta el momento se conoce que la madre murió en una mina y las dos quedaron desamparadas.
El INE informó que la pobreza moderada disminuyó significativamente pasando de 4,3 millones personas en 2012 a 3,2 millones en 2024.
Esa reducción representa el 25% en la población con necesidades básicas insatisfechas. Sin embargo, aún se requieren de más esfuerzos para reducir las brechas económicas que afectan a la sociedad boliviana.
El trágico desenlace de la abuela y su nieta no es el único que ha ocurrido en el último tiempo. En Oruro, otra abuela tomó la misma decisión debido a que su hija había fallecido y una prima se disputaba la custodia de una niña para beneficiarse con su herencia.
Este drama incluso fue de conocimiento de instituciones como la Defensoría de la Niñez y un Juzgado de Familia.
En junio, una abuela envenenó a su nieta y luego intentó quitarse la vida, pero sobrevivió y fue detenida.
El drama de los infanticidios tendría que llevar a las autoridades a buscar las razones que están detrás de esas decisiones desesperadas y a reflexionar acerca de lo que las instituciones estatales pueden y deben hacer para romper este ciclo de violencia y miseria.
Es complicado que personas que estén en el ocaso de su vida asuman el cuidado de niños que han quedado solos, por lo que es necesario que las autoridades y legisladores trabajen en establecer redes de apoyo para estas personas y programas para las familias más vulnerables.
Es importante que las políticas sociales y económicas de todos los niveles del Estado: nacional, departamental y municipal, tomen acciones para proteger a las familias vulnerables y evitar que la pobreza empuje a desenlaces fatales.
Se estima que cada año unos 20 niños son víctimas de infanticidio, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana. Más allá de las cifras es crucial visibilizar a las familias vulnerables y brindarles apoyo para que logren cambiar su situación.



















