¿Los españoles fueron conquistadores?
Los bolivianos y en general los latinos vemos a los europeos como una raza superior incluso vemos su aspecto físico con admiración, pero es necesario cuestionarnos nuestras apreciaciones.
Cuando los conquistadores europeos llegaron al continente americano, específicamente la llegada de Cristóbal Colón que fue una expedición planificada hacia Las Indias, jamás pensaron llegar a un nuevo continente un nuevo mundo de costumbres y culturas ajenas a las suyas, pero no solo desembarcaron sobre nuevas tierras: pisaron un mundo que llevaba milenios observando el cielo, sanando con plantas, purificando el cuerpo y organizando sociedades complejas.
Los europeos venían de un continente que acababa de superar guerras, epidemias y cambios religiosos, es por eso que las embarcaciones traían de tripulantes rezagados sociales, exiliados, vándalos y enfermos. Acostumbrados a ciudades hacinadas, agua estancada y enfermedades que aún no entendían del todo, asumían que representaban la cumbre de la ciencia y el orden.
Pero al avanzar por Mesoamérica, los Andes y el Caribe, descubrieron que los pueblos que pretendían conquistar poseían conocimientos que superaban, igualaban o complementaban los suyos.
Los españoles, fieles a la medicina galénica, solían recurrir a sangrías, purgas y supersticiones.
En cambio, entre mayas, aztecas, incas, mapuches y taínos, la medicina seguía un enfoque botánico, anatómico y espiritual.
Los mayas conocían cientos de plantas, realizaban curaciones y manejaban fracturas con precisión.
Los aztecas poseían códices médicos y curanderos especializados.
Los incas practicaban trepanaciones con tasas de supervivencia superiores a las de Europa.
Los mapuches usaban hierbas como el boldo, el maqui y el matico con eficacia sorprendente.
Los nativos norteamericanos empleaban sudatorios y medicinas rituales profundas.
Para los europeos, aquello era hechicería; para los pueblos originarios, era ciencia ancestral.
Con el tiempo, la sorpresa se transformó en pragmatismo. El mundo cambió gracias a ese encuentro.
Mientras en Europa muchos evitaban bañarse por miedo a “abrir poros” que facilitaran enfermedades, en América la higiene era símbolo de salud, respeto y espiritualidad.
Los aztecas se bañaban a diario y usaban jabones vegetales.
Los mayas empleaban temazcales para purificar el cuerpo.
Los incas construyeron acueductos y baños rituales en templos sagrados.
Cuando los conquistadores vieron estas prácticas quedaron desconcertados:
¿Cómo era posible que pueblos considerados “salvajes” fueran más higiénicos que muchas ciudades europeas?
Sin quererlo, este choque de costumbres desmintió la idea de superioridad cultural que los invasores trajeron en sus caravanas.
Los pueblos americanos tenían organizaciones sociales donde el trabajo colectivo, la reciprocidad y la justicia comunitaria sostenían la vida diaria.
En el mundo inca, el ayllu garantizaba que nadie quedara desamparado, y la trilogía moral “Ama sua, ama llulla, ama qhella” era ley.
Entre los mayas y aztecas, la educación era obligatoria, incluso para niñas, algo impensable en gran parte de Europa.
Los mapuches se regían por el respeto a los longevos y al equilibrio con la naturaleza.
Los taínos vivían bajo cacicazgos que fomentaban cooperación y solidaridad.
Los conquistadores, en cambio, imponían leyes de corona, jerarquías militares, castigos severos y la premisa de que todo debía servir al imperio.
La convivencia entre ambos modelos era imposible: donde los nativos veían comunidad, los europeos veían sumisión.
La historia narra como si los conquistadores hubieran traído luz al continente americano, pero la realidad es que solo trajeron delincuencia, ambición, enfermedades, cuando estos dos mundos se encontraron, uno llegó con armas y otro con sabiduría milenaria que con el paso del tiempo fue silenciada y menospreciada.
Columnas de Constantino Klaric





















