Luces y sombras del Corso de Corsos
Cochabamba vivió nuevamente su tradicional Corso de Corsos, una síntesis de las expresiones culturales más representativas del país. La integración a través de la danza volvió a ser una característica única de la entrada, con presencia de fraternidades como la saya afroboliviana y un ballet de la Chiquitania.
Es innegable que el Corso de Corsos es un espacio carnavalero con una identidad muy propia. Una de las expresiones de ello es la participación de efectivos de unidades militares bailando entusiastas con disfraces originales y contagiando su alegría al público.
Este año no fue la excepción los grupos volvieron a sorprender a los asistentes con presentaciones animadas con música, banda y cantos. Hubo desde “depredadores” hasta personajes de Avatar y figuras de la política internacional como Donald Trump y Nicolás Maduro.
Las fraternidades de caporales, morenos y diablos desplegaron su elegancia y lujosos trajes, que mostraron su esplendor sobre todo en la noche con sus demostraciones de luces y fuegos artificiales.
Sin embargo, este año en particular el Corso de Corsos estuvo a punto de quedarse sin público por el elevado costo de los asientos en las graderías, a pesar de que la Alcaldía de Cochabamba estableció un precio referencial de máximo 150 bolivianos. Los comerciantes lo duplicaron hasta 300 haciendo imposible que una familia pueda disfrutar del evento más espectacular del Carnaval de la Concordia.
Esta elevación del precio se dio a lo largo de todo el recorrido y principalmente cerca del palco oficial, donde las graderías estaban vacías sin espectadores que aplaudan y animen a los danzarines. Y, claro, realcen el Corso de Corsos.
A ello se suma la molestia de la población que reclamó por el precio de las graderías y pidió a las autoridades municipales más control. El resultado fue un Corso de Corsos con poco público durante gran parte del día, incluso. Aunque la situación cambió por la tarde y la noche porque los vendedores al fin bajaron el precio de las ubicaciones, probablemente, para no irse sin ganancias.
El descontrol también se dio en la venta de bebidas alcohólicas y en el uso de los baños públicos. A pesar de que existía este servicio, algunos espectadores convirtieron las calles y muros de las casas en mingitorios.
Es importante que quienes asistan a este tipo de espectáculos multitudinarios demuestren su educación y respeto del espacio público y eviten convertir las vías en baños.
Además de los precios caros de las asientos el punto crítico del Corso de Corsos sigue siendo el caos vehicular por el cierre de vías que parte la ciudad en dos, de este a oeste, durante al menos dos días.
El Corso de Corsos es un patrimonio de los cochabambinos que las autoridades municipales deben proteger. La prioridad es mejorar la organización para que que la entrada se consolide como una entrada de clase mundial.




















