El temido “Karisiri”, un monje malicioso

Cultura
Publicado el 14/09/2018 a las 0h00
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Caminar en la oscuridad es aún un acto aterrador para muchos pobladores de Cochabamba y de otras regiones del país, especialmente para los campesinos, quienes se espantan con la idea de encontrar en su trayecto a un “Karisiri”, el famoso ser misterioso que data de épocas pos coloniales y que, de acuerdo a la tradición oral, se dedica a robar grasa de los cuerpos humanos sin dejar rastro alguno.

Respecto a este individuo noctámbulo, mucho han escrito varios autores, y coinciden en señalar que se trata de un personaje mítico, tal vez uno de los más conocidosde Bolivia en las zonas quechua parlantes.

Se trata de un “hombre grande que deambula a partir de medianoche”, sin importarle si la luz de la luna alumbra o no su trayecto. Tiene especial habilidad para desplazarse en medio de la oscuridad; aparece de la nada y se pierde del mismo modo, incluso cruzando los arbustos más espinosos que pudieran impedirle el paso. Suele ocultarse mimetizado entre los “tacos” (algarrobos), cactus y acacias.

Cuentan que un día Eufronio –un hombre de unos 48 años– disfrutaba de una velada cerca a su casa de adobe, en la tienda de doña Flora, la chichera, allá por la represa de la Angostura. Estaba celebrando el nacimiento de su sexto nieto, el hijo de su menor heredera Celestina.

Dicen que el desafortunado hombre no se percató de la hora porque se había sumergido en una gran borrachera entre tutuma y tutuma de chicha hasta quedar completamente ebrio.

Tambaleándose y en zig zagavanzó hacia la ruta que lo conducía a su vivienda; era un sendero del campo muy apacible y silencioso cercano a la vía del tren.

“Dice que estaba completamente oscuro. Y que de repente, las ramas de los eucaliptos parecían bailar asustadas junto a un fuerte viento, como anunciándole que nada bueno pasaría”.

Con el mundo que le daba vueltas la cabeza, Eufronio habría logrado quedarse quieto y de pie ante un extraño sonido de campanillas chillonas que parecían acercársele más cada segundo. De pronto, quedó atónito y empalideció de susto, recuperando su sobriedad instantáneamente. Se había topado con el Karisiri, lo supo por las campanillas, aunque hasta ese momento siempre desestimaba su existencia al considerarla una historia de mal gusto.

 

Tiempo de espanto

Los vecinos del lugar cuentan no haber escuchado ruido alguno, pese a los frecuentes aullidos de los perros que habitan la zona y que suelen lanzarferoces gruñidos y ladridos por este ser peligroso que, según los relatos, acude vestido con una sotana café y larga amarrada a la altura de la cintura por una especie de cuerda de la que cuelgan algunas campanillas, además de un recipiente fabricado como bota (cantimplora) de cuero de chivo.

La historia cuenta que al verlo, Eufronio desvaneció como por arte de magia, y aunque no llegó a perder la conciencia, relató a sus familiares que sentía una presencia con instintos y fuerzas superiores a las suyas que le impedían actuar, moverse o gritar. Estaba como hipnotizado. Dicen que quería escapar, pero no pudo. Y de a poco la pesadez de sus párpados lo vencieron para que no recuerde más.

El misterioso personaje que lo atacaba habría sacado del bolsillos un cuchillo grotesco y filudo fabricado con un mango rudimentario. Sostenía, además, un alambre hueco, y sin prisa alguna se tomó el tiempo y la grasa que quiso de don Eufronio.

Empezó punzando la piel de la víctima con la afilada punta del cuchillo de metal, e introdujo luego el alambre con una técnica impresionante, ubicando el fierro en los puntos de mayor concentración adiposa, como cavando un túnel de escape para que por presión salga la grasa del vientre del campesino. Depositaba su valiosa adquisición humana en el bolsito de cuero, un material idóneo para conservar en buen estado las adiposidades del organismo, como el vino.

Las habilidades del Karisiri (¿o sus brujerías?) impiden que las víctimas, derramen sangre.

“El pobre Eufronio despertó adolorido al día siguiente, aun lado de la riel que va al valle alto”, por el kilómetro 19.Pero nunca más volvió a ser el mismo; comenzó a darle la tristezay desde ese día no dejó de adelgazar, hasta que falleció”, relata con aire misterioso Justino Huarachi, quien vivía en la Angostura. Sucedió en la década de los 70.

Como ésta, decenas de historias se transmiten de generación en generación, difundiendo los malévolos ataques de Karisiris. Y cuando un padre de familia no regresa de noche a su hogar y es hallado ante la insistencia de la familia, los hijos gritan:“kaypi kachkanpapasuyki”, que en quechua significa ¡aquí está mi papá! en señal de alivio.

 

Coincidencias

Aunque existen cientos de historias sobre el Karisiri, ninguna ha sido comprobada científicamente. Curiosamente, todascoinciden en señalarque terminada la “liposucción criolla”, el monje coloca (colocaba) una especie de ungüento aceitoso sobre los pequeños cortes por los que aspira la grasa. Luego se levanta e inicia su lenta retirada, repartiendo a su paso el incómodo repique de sus chillonas campanillas.

Versiones de distintas zonas afirman que, tras el ataque de este ser espantoso, ninguna víctima recuerda lo que le sucedió. Sólo una sensación molesta de dolor abdominal que se asemeja a una “makurka”.

“Dicen que despiertan al día siguiente adormecidos y cansados. Y cuando ven sus heridas se dan cuenta que fueron atacados por un Karisiri”, cuenta temerosa Miguelina Vera, una vaquera del valle alto.

También asegura que sabe de pocas víctimas mortales. “Sólo sienten fatiga, desgano, sueño y paulatino enflaquecimiento”. Sin embargo, otros testimonios –como el de Marco Calizaya, de Ushpa Ushpa–aseguran que cuando “se le pasa la mano” al victimador, por extraer demasiada grasa del cuerpo elegido, estará condenado a la muerte.

“Se irá adelgazando y debilitando con mucha rapidez. Su rostro jamás volverá a ser el mismo; el tono de su piel empalidecerá hasta el fallecimiento”, cuenta.

 

La explicación lógica

Muchas razones se tejen detrás de esta extraña historia, intentando explicar el mítico suceso. Una de ellas afirma que este tipo de relatos ayudaron desde las épocas coloniales a mantener un estricto control social entre los pobladores durante las noches, para evitar que permanezcan fuera de sus hogares, ya sea consumiendo bebidas alcohólicas, engañando a sus mujeres, o planificando sublevaciones.

Por ello se han transmitido de generación en generación, causando desde nerviosismo, pánico y dudas entre chicos y grandes. En el campo creen que este individuo fantástico es una especie de yatiri endiablado que se ocupa de obtener grasa del prójimo para realizar sus conjuros, preparar las q’uwas y realizar curaciones.

Hay quienes aseguran que se trata de un religioso que fabrica (ba), a partir de la grasa humana, velas para los oratorios. Incluso popularmente se difundió que los santos óleos empleados por la Iglesia provenían de esta materia convertida en ungüento.

Otras versiones explican que la adiposidad humana sirve para fabricar efectivas y costosas barras de jabón criollas y cremas, que incluyen además a la capa degrasa que envuelve a un bebé recién nacido.

Como fuere, todos los relatos indican que el misterioso personaje jamás muestra su rostro ni se ha develado con precisión en qué es usada la materia prima que roba.

En todo caso, esta maravilla de relato se ha preservado a través del tiempo y ha dado lugar a un sinfín de variaciones que mantienen, en parte, la esencia del extraño ser “robagrasas”. Las zonas cochabambinas que más han difundido este mito son Tapacarí y Capinota, según César Verduguez Gómez, autor de “Antología de Cuentos de Terror de Bolivia”.

La psicóloga Verónica Mesa explica que “los niños pasan por etapas de temor, influidas por historias o películas fantásticas. La cultura boliviana es experta en transmitir temores como el ‘cuco’, las almas y otras para influir en los jóvenes y menores hacia un buen comportamiento”. Sin calificar de buena o mala, afirma que es una costumbre arraigada que se ha transmitido.

 

karisiri.jpg

Zonas donde se le teme al personaje Las zonas por donde más se esparció este mito son: Capinota, Tapacarí y el valle alto cochabambino (Punata, Tarata, Arani, Arbieto, Santiváñez).
Archivo

TRADICIÓN ORAL

Control social comunitario

- En el valle alto existe especial temor y cuentos respecto al Karisiri y a sus trabajos nocturnos.

- Las personas adultas y los estudiantes son los principales amplificadores de este mito.

- Varios estudiosos coinciden en señalar a esta y otras historias de la tradición oral en un modo de ejercicio de control socialpara evitar las “escapadas nocturnas” de los pobladores.

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