Parásitos entre muros: las infecciones intestinales que afectan a niños en la cárcel San Sebastián Mujeres de Cochabamba
En las celdas y patios de la cárcel San Sebastián Mujeres, en Cochabamba, conviven historias de vida marcadas por la pobreza y el encierro. Pero en medio de ese contexto, una amenaza silenciosa se propaga entre los niños que viven con sus madres privadas de libertad: las parasitosis intestinales, una enfermedad ligada a la falta de higiene, agua segura y saneamiento básico.
Un estudio realizado por Nayra Yara Fernández Bazoberry y Alexandra Siles García en ese centro penitenciario reveló una alta prevalencia de parásitos intestinales en la población pediátrica, reflejando una realidad que trasciende los muros de la prisión. En Bolivia, las parasitosis afectan a miles de niños en zonas vulnerables, y su persistencia se asocia a factores estructurales como el hacinamiento, la pobreza y la limitada atención médica.
Bolivia permite que niños pequeños permanezcan junto a sus madres en prisión hasta cierta edad. Aunque esta política busca proteger el vínculo familiar, en la práctica expone a los menores a entornos con alto riesgo sanitario. Las cárceles no están diseñadas para la infancia: los servicios de agua y saneamiento son deficientes, el acceso a atención médica es escaso, y el contacto estrecho facilita la transmisión de infecciones fecales-orales como Giardia lamblia, Entamoeba histolytica o Ascaris lumbricoides.
Las parasitosis intestinales no solo causan diarrea y desnutrición. En los niños pueden provocar anemia, retraso en el crecimiento y dificultades cognitivas, limitando su desarrollo y rendimiento escolar. En contextos penitenciarios, donde la alimentación suele ser insuficiente y poco variada, el impacto es aún más grave.
Entre los factores que favorecen la persistencia de parásitos se encuentran el hacinamiento, la acumulación de basura, el agua contaminada y la falta de programas de desparasitación periódica. En San Sebastián Mujeres, estos elementos confluyen en un círculo de riesgo que vulnera el derecho fundamental de los niños a la salud y al desarrollo pleno.
Aunque Bolivia cuenta con campañas nacionales de desparasitación y programas WASH (agua, saneamiento e higiene), su alcance en contextos penitenciarios sigue siendo limitado. La Defensoría del Pueblo y diversas organizaciones han advertido sobre la necesidad de incluir a esta población en los planes nacionales de salud infantil.
Las parasitosis intestinales en la población pediátrica boliviana son un problema sanitario persistente, y el estudio en la cárcel San Sebastián Mujeres muestra su rostro más extremo. Combatirlas requiere voluntad política, coordinación interinstitucional y un enfoque de derechos humanos, que garantice que ningún niño —dentro o fuera de una prisión— crezca en condiciones que pongan en riesgo su salud y futuro.


























