Trinomio presidencial
El trinomio cojea, no cae; después del proceso el producto es descartable o se usa y se tira, “Evo cumple” y los otros dos, también. Es simple, el peso específico del trío cambia según las circunstancias, su táctica
No está en la CPE y no es inconstitucional, es más corriente el binomio presidente-vicepresidente, sin embargo, el trinomio es frecuente, sin hacer referencia al efímero Gobierno dictatorial del trío de generales en los 80, en tiempos “democráticos”. Posiblemente el binomio se siente solitario, o si uno falla, el otro puede acompañarle en la caída, el trío es más estable, cojea, no se cae; designan a un tercero.
El trinomio presidencial se acomoda al western espagueti de Sergio Leone: “El bueno, el malo, y el feo” (feo es una traducción limitada del italiano “cattivo”, ladino la mejora). El “bueno” es el político negociador que cautiva a las masas, al pueblo, hace que le sigan, es el líder; el “feo” es el amortiguador, la cabeza de turco; absorbe los golpes, los desvía de izquierda a derecha o viceversa cuando la masa, el pueblo se hace respondón, y el “malo” hace el trabajo sucio, quiebra, aniquila al opositor; los primeros son retóricos, éste es físico. En el film de Leone los personajes son caricatura con rasgos mezclados: el bueno desaliñado y sucio, el malo era el más feo, pero, cubría los quejidos de sus víctimas con música clásica, el feo algo dandi, el único que se bañaba y decía cosas interesantes: “me gustan los hombres grandes, hacen más ruidos al caer”.
En los 50 el trinomio presidencial se grabó con tinta indeleble: Paz Estenssoro, Siles, San Román. Las tres funciones del trinomio fueron empujadas al extremo, eran tiempos, sangrientos, revolucionarios, casi tan salvajes como el far west. Después de un interludio poco interesante, en los 90 surge un trinomio, ya de salón, manicurado, en traje de etiqueta y de apellidos compuestos: Sánchez de Lozada, Carlos D. Mesa y Sánchez Berzaín. Todo está lavado, el primero es yuppie, esnob, el segundo literato, el tercero casi un auditor, incluso el pueblo es de tez blanca, usa protector solar. Ahora domina otro trinomio notable: Evo Morales; García Linera y J. R. Quintana. Operan de manera similar, con matices. El primero obnubila las masas, los movimientos sociales, de tez cobriza, o de bronce y con valores originarios y ancestrales. Son tiempos de cambio: el hombre, en su sicología y su filosofía ha abandonado el “ser” (la búsqueda del significado de su vida) y ha adoptado el “proceso” del homo faber (interesado sólo en lo que hace el mismo) como esencia de su existencia (Hanna Arendt). ”Proceso” es condición sine qua non, y apela a todo el mundo. Votantes arrepentidos buscan justificativo, esperaban no más daños al Estado (patrimonio del pueblo), ni tráfico de influencias ni corrupción; ven al líder como un ángel caído.
El triángulo sólo se inclina, es táctica, consideran a Morales como títere inocente o que va de viaje cuando la situación es álgida, no es así, alguno de los otros dos hace su trabajo. Aparece el segundo o el tercero en función de los requerimientos; a García Linera, no se le considera feo, más bien ladino, enreda con sus tácticas envolventes, con descalificativos, eufemismos, discursos taimados, acepta o desvía los golpes, enjuaga al líder, lo saca incólume, impoluto. O el tercero, no necesita cara de duro, puede aparentar faz de niño, de cadete pulcro, eso debe tener más efecto en el trabajo sucio, hace bajar la guardia, reduce al enemigo, que no huya en estampida; maltrecho en vestíbulo. El trinomio cojea, no cae; después del proceso el producto es descartable o se usa y se tira, “Evo cumple” y los otros dos, también. Es simple, el peso específico del trío cambia según las circunstancias, su táctica.
El autor es administrador de empresas.
Columnas de GUSTAVO L. QUIROGA MERCADO


















