Ni el pobretón ni el de los antojos tiene plata
No recuerdo que los votos en una democracia diesen carta blanca para usar dinero propio en las obras. Por tanto, son aspavientos la pobreza de los mandamases. El problema es que se jode el país con tanta mentira
A Evo Morales le gusta decir que no se casó hasta ahora, porque está casado con Bolivia. Quizá lo aprendió del librito rojo de Citas del Presidente Mao Tsetung, primorosa edición multilingüe que se obtenía gratis, quizá a costa del hambre de millones de chinos. En efecto, el ahora apellidado Zedong decía lo mismo, claro que con China (no la china de la esquina, sino el país asiático). Sin embargo, tienen un rasgo común: el uno es mujeriego, el otro lo era. Un tercero, al que no quisiera comparar con el sumiso mandarín que era Zhou Enlai, quizá para congraciarse con las mujeres pregonó el otro día que también le aquejan antojos y mareos que acosan el embarazo de su esposa.
Sin embargo, su alocución en la entrega de 16 casas en un municipio de Potosí estuvo preñada de medias verdades, o medias mentiras, según la lente con que se las perciba. En ese estilo personalista con que se finge humildad o se remacha altanería ante los humildes, el Vice letrado dijo: “yo no tengo plata, el Evo tampoco tiene plata, ¿con qué dinero estamos haciendo casas para la gente que necesite?”. Dirigía sus palabras a la hija de un beneficiario, que quizá tragó el sapo porque la familia ya tenía cuatro cuartitos y después de ellos, el diluvio y que se jodan los restantes.
16 casitas. Ni siquiera 20, o 200, o 2.000. 2.000 viviendas ni llegan al uno por ciento (6.000) de las 600.000 en que calculan el déficit habitacional del país. Tampoco cuadra la aritmética: si se invirtió 1.800 millones bolivianos en 16 viviendas, cada una costó 112.500 bolivianos, no los 98.000 que puntualizó el Vice matemático. A razón de 112.500 cada una, serían 67.500 millones de bolivianos, casi 9.700 millones de dólares. Digamos que se queda en lo prometido: “nuestro presidente Evo ya ha instruido la construcción de otras 100.000 viviendas más…”. Son más de 11 millones de bolivianos, más de mil quinientos millones de dólares.
Buscan solucionar un buraco que desdice el papo de la doctrina del “vivir bien”. La opción que propone el ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda en enero de 2014, sería construir viviendas multifamiliares, que albergarían a costo menor a más familias: “en El Alto se construirán seis bloques de 15 pisos (cada uno)… cada bloque tiene 60 departamentos, lo que representa cuatro viviendas por piso”. De inmediato pensé en los eriales del glorioso cine italiano de posguerra; en la arquitectura estalinista de interminables y sombríos edificios cuadrados. Bueno, pensé, la necesidad tiene cara de hereje y cuando hay hambre no hay pan duro. Como siempre, falla la realidad. Se tendrían que construir 10.000 bloques para parchar el déficit habitacional hasta 2025, algo dudoso. Además éste, como el calentamiento global, sigue creciendo. Aparte, hay un déficit de 1,2 millones de casas que requieren mejoras.
Entonces, ¿qué motiva a un Vice racional a discursear la mentira de que antes “era impensable realizar labor social, porque los recursos no estaban en manos de los bolivianos? Que “vino el Presidente Evo y nacionalizó. Lo que estaba en manos de extranjeros lo regresamos para nosotros. Eso se llama nacionalizar”, aseveró. A la torva falacia se plegó la mentirosa media verdad y a ésta el paternalismo odioso: “Evo es como tu papá”. Lo de dormir en un hueco y envuelto en p’ullus está en polvoriento desván de recuerdos, como la famosa chompa a rayas. ¿Será cierto que el mayor prorroguista no es el jefazo, sino los “llunq’us” que se quedarían sin pega en 2019?
Queda en el tintero otra pregunta: en tiempos de vacas flacas, ¿de dónde sacarán la marmaja? Sospecho que de las famosas Reservas Internacionales Netas (RIN). Surgen voces de que “el ‘colchón’ y el ‘blindaje’ pregonado por los Aladinos de la Evonomics parece estar volando más rápido que las alfombras mágicas del Ministerio de Arce Catacora”. En menos de un par de años ha desaparecido casi un tercio de las RIN: 4.411 millones de dólares. Si en diciembre de 2014 las RIN sumaban $us 15.123 millones de verdes, hoy el Banco Central de Bolivia (BCB) reporta sólo $us 10.712 millones de dólares. Imaginen, sólo tres megaproyectos nuevos —Rositas, Salmueras en el Salar de Uyuni y Ciclos Combinados en una usina del sur de Tarija— significan el 10 por ciento del presupuesto de inversión pública en 2017.
Dos imponderables quedan por tomar en cuenta. ¿Qué estúpido gerente de banco privado cubrirá algo del 40 por ciento de la demanda habitacional, si de las 5.554 viviendas programadas para el año 2013, un 35 por ciento de ellas están en proceso judicial? El “pobrecito” que este Gobierno fomentó con sesgos divisionistas —el indígena-originario-campesino— tiene escasa cultura de honrar las deudas al papá Estado. El otro imponderable es la cultura política de consignas de siempre. Mientras se está en el poder, prometer, prometer hasta meter. Después de mí, el diluvio: hay que “fregar” al que viene.
No recuerdo que los votos en una democracia diesen carta blanca para usar dinero propio en las obras. Por tanto, son aspavientos la pobreza de los mandamases. El problema es que se jode el país con tanta mentira.
El autor es antropólogo
Columnas de WINSTON ESTREMADOIRO





















