¿La UMSS entre la maldad y la estupidez?
En mayo de 2009, un reconocido periódico peruano anunciaba como primicia, declaraciones exclusivas del escritor Mario Vargas Llosa, quien había comparado a Ollanta Humala y Keiko Fujimori –potenciales candidatos a la presidencia del Perú dos años después--, con el sida y el cáncer terminal.
En esa oportunidad el laureado escritor, ante la posibilidad de una segunda vuelta entre ambos personajes, manifestó su incredulidad en estos términos: “No creo que mis compatriotas vayan a ser tan insensatos de ponernos en la disyuntiva de elegir entre el sida y el cáncer terminal”. Sostuvo también que: “Si un candidato antisistema llegara a la segunda vuelta (…) espero que (…) haya una movilización hacia la sensatez y hacia el mal menor”, lo cual efectivamente sucedió. Desde el 2011, vimos a un Ollanta Humala con tesitura distinta a la electoral. Su moderación fue tal, que hoy Perú forma parte de la Alianza del Pacífico junto con Chile, Colombia y México.
En estos días, en el Brasil se debate la posibilidad de poner fin vía determinación congresal a la gestión gubernamental del otrora poderoso PT. El problema del Brasil no está únicamente en las casusas del proceso a la presidenta Rouseff y su cuasi descontada destitución, sino en la solvencia ética y moral de quienes la defienden y los interesados en defenestrarla. Haciendo un paralelismo con lo que pasó en Perú el 2011, Brasil se encuentra en la encrucijada de elegir entre el zika y la chikungunya, cualquier salida es posible, incluido el desastre.
Algo similar ocurre en Venezuela, donde se vive un escenario de enfrentamiento cada vez más creciente entre el Parlamento opositor y el Gobierno oficialista, sin visos de salida posible, que no pase por una mayor confrontación, con altas probabilidades de ruptura, hambre y necesidades insatisfechas del pueblo de por medio.
A una pedrada de distancia, el Rey Felipe VI decretó la disolución del parlamento elegido en diciembre del 2015, debido a la incapacidad de sus actores políticos, viejos y nuevos, para ponerse de acuerdo y articular un consenso que permita construir un gobierno para España. Las probabilidades de que la situación mejore con una nueva elección no son buenas. Así están las cosas afuera.
¿Qué relación tiene esta larga introducción internacional con el título del presente artículo? Me explico: En nuestro microcosmos, el 2015, la Universidad Mayor de San Simón sufrió –para mi gusto– la peor crisis institucional de su historia. Ni las más salvajes dictaduras, le causaron tanto daño a esta casa de estudios, como los hechos que desencadenaron el problema que hasta el presente no encuentra una solución definitiva. El resultado paliativo fue una suerte de armisticio acompañado por una invisible pero “canibalezca” compulsa por el control interino de la universidad, de los poderes facultativos y algunos centros de estudiantes, aderezada por múltiples recursos y acciones constitucionales.
Hoy, justo un año después del pico de la crisis del 2015, estamos ante la futura realización de un claustro universitario que elegirá a las autoridades que regirán durante los próximos cuatro años los destinos de esta casa de estudios superiores. Vuelvo a los párrafos de inicio y me permito formular una paráfrasis sobre lo expresado por Vargas llosa: No creo que mis colegas, y en este caso también los estudiantes, vayan a ser tan insensatos de ponernos en la disyuntiva de elegir, entre la maldad y la estupidez. Y si ello sucede, ojalá “haya una movilización hacia la sensatez y hacia el mal menor”. La respuesta no la tienen los candidatos, sino quienes vayamos a votar el día que la sensatez y la mínima cordura lo permitan.
El autor es docente invitado.
Columnas de WILLY WALDO ALVARADO VÁSQUEZ
















