El río Rocha requiere visión de futuro
Probablemente uno de los proyectos más serios para limpiar el río Rocha sea el que está siendo ejecutado con el apoyo de la cooperación japonesa desde el pasado año, que concluye, en su primera etapa, en 2021, pero que, de acuerdo a los entendidos, debe prolongarse hasta, por lo menos, 2036.
Es que para que el trabajo sea exitoso y, sobre todo, sustentable, el proyecto en curso incluye, además de tareas técnicas de análisis y limpieza, acciones de carácter medioambiental, social, normativo y educativo. Ello, porque además de los fenómenos que se generan por el cambio climático, una buena parte de culpa para que el río Rocha se encuentre con elevadísimos grados de contaminación corresponde a las sucesivas autoridades y la propia ciudadanía.
En el primer caso, hay reiteradas muestras de la incapacidad de coordinación entre autoridades municipales y de la Gobernación para enfrentar en forma mancomunada y coordinada la atención al río y hacerlo pensando en el futuro largo y no en los períodos de sus respectivas gestiones. Es decir, la incapacidad de acordar políticas de largo alcance que no puedan ser alteradas por intereses corporativos o sectarios. Como señala un entendido, “no es el bien superior lo que motivaba a las autoridades, sino las antipatías hasta personales”.
Respecto a la gente, es indispensable promover desde los diferentes niveles del Estado y de la sociedad acciones integrales de educación ciudadana que conviertan a cada poblador en un ciudadano comprometido con la defensa del bien público y a cada empresario en una persona capaz de comprender que la preservación del bien público es indispensable para el buen desarrollo de sus negocios.
No hay que olvidar que las mayores fuentes de contaminación del río Rocha son las descargas de aguas servidas, detergentes y residuos industriales, todas, activadas por la gente.
De ahí que la sola instalación, como prevé el proyecto apoyado por la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), de 11 plantas de tratamiento no solucionará el tema de la contaminación, sino que es necesario, hay que reiterar, una acción permanente de preservación en la que se involucren las autoridades públicas y la ciudadanía.
En resumidas cuentas, la meta debe ser no sólo que por el río Rocha fluyan aguas limpias, sino que, como sucede en muchas ciudades, los niños y niñas puedan jugar en él, como sueña el técnico japonés que no duda en meterse a esas aguas para extraer muestras para el análisis técnico.




















