2019, año de “Raza de bronce”
IGNACIO VERA RADA
2019, como lo fue 1919, es el año de “Raza de bronce”. Se preparan homenajes, conferencias y –lo sé de oídas– una edición conmemorativa de la obra, para lanzarla en la FIL de La Paz.
Alcides Arguedas es un hombre relevante y, como todo hombre relevante, tiene luces y sombras susceptibles de ser llevadas al debate. Pero lo que es indiscutible en esa relevancia, es su agudo sentido crítico para ver el desarrollo histórico de los pueblos latinoamericanos. Era un escritor de pura cepa, intelectual comprometido e hijo de una familia acomodada con propiedades La Paz. En consecuencia, su mirada sobre el indio tenía que ser una mirada desde afuera, contemplativa; así, su narrativa no indaga la psicología india sino que la describe como se la ve desde un lugar equidistante. Pero aun así, la penetración naturalista, al modo de Zola, hace que el lector se inmiscuya en la realidad del indio de una forma poco menos que perfecta.
“Raza de bronce” descuella porque es una obra de denuncia social. Si sus primeras novelas (“Pisagua”, “Wata Wara” y “Vida criolla”) fueron primeros intentos juveniles de una obra mayor, meras tentativas costumbristas, preludio de una literatura de mayor envergadura, “Raza de bronce” es el punto culminante. Es más que la mirada contemplativa de un intelectual que pretende describir al indio. Es un clamor para la redención de un sector social, y el retrato de un paisaje y una sociedad acongojada, que no puede progresar porque tiene anclados los resabios despóticos del coloniaje. Como en 1919, la mayor novela de Arguedas puede ser, a despecho de los iconoclastas, una clave para abrir las puertas hacia el descubrimiento de nuestra identidad.
Licenciado en ciencias políticas
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