Duendes pícaros y otros malvados
Sin saber que es una trampa, el niño se asoma al pozo de agua tentado por un dulce o juguete dejado casualmente cerca del borde. De pronto, alguien lo empuja, lo sumerge y lo ahoga. El duende que habita el estanque de alguna casa colonial de Potosí no sólo arrebató una vida, sino que se aseguró de que su especie perdure, ya que el pequeño pasa a convertirse en otro de estos seres malignos y traviesos.
El relato oral perdura con el paso del tiempo y ha ocasionado que muchos habitantes de los inmuebles construidos hace siglos en la Villa Imperial clausuraran los pozos. Leyenda o no, mejor es no correr riesgos en una ciudad rica en costumbres y mitos.
La historia la cuenta el docente universitario y licenciado en Turismo Marco Flores Peca, conocedor de los mitos y creencias de Potosí. Destaca que historias de duendes que hacen de las suyas es muy extendida entre las familias de la ciudad.
Incluso los hay conocidos, como Vico Vico, un duende que aseguran que habita en un inmueble colonial que acogió al primer administrador de la Casa de la Moneda y donde actualmente funciona el pub y restaurante La Casona 1775.
Los dueños del local, en la calle Frías número 41, aseguran que el ser no es dañino, aunque sí pícaro y travieso, y que habita el lugar hace cuatro generaciones. Lo heredaron junto con la casa, informa un reportaje de la revista ECOS de Correo del Sur.
La creencia en duendes predomina en todo el país, pero sobre todo en las ciudades del sur de Bolivia. Cada uno tiene su particularidad, aunque con la misma apariencia, pequeños, regordetes y con sombreros de ala ancha.
Por ejemplo, a diferencia de la creencia potosina, en la que los duendes pueden ser malignos, en la costumbre del Chaco tarijeño más bien se enfatiza que son pícaros y traviesos y que tienen un mano de lana y otra de metal. Suelen jugar con niños, sobre todo los no bautizados, a los cuales se los llevan lejos hasta que los chicos lloran, escribe René Aguilera Fierro en el portal boliviano Educa.
“El duende se presenta con regalos, juguetes y se los lleva caminando y jugando, riendo y saltando por parajes apartados. Ese buen humor es hasta que el niño se pone insoportable y llorón, o hasta que haga sus necesidades fecales para que el duende se enoje, y para mejor, pregunta: ‘¿Con cuál de mis manos quieres que te pegue... con la mano de fierro o con la mano de lana?’, por supuesto, los niños escogen la mano de lana. Como consecuencia del castigo y de los gritos, algunos acuden y los rescatan de lugares enmarañados”.
Al margen de las historias, donde la creencia tiene más impacto es en Potosí, donde hay grupo de personas que se dedican a investigar las apariciones e incluso se hizo una película, llamada “El Duende”, que fue un récord de taquilla.
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Asustan o distraen niños
Hay quienes afirman que los duendes cambian de lugar algunos objetos como las llaves o cubiertos; otros, que son especialistas para jugar con los niños.



























