“No hay paso”
¿Y con qué palabras se expresa?, ¿cómo se encuentra la forma precisa de analizar el momento actual?, recurro a mi compañero de vida y me dice: “tengo más preguntas que respuestas”… cierto. Como muchos bolivianos, comenzábamos, quizá de forma ingenua, a planear ciertos futuros que tenían que ver con proyectos laborales, mire, hasta habíamos conseguido una bonita oficina, gracias al apoyo de una colega dedicada a la producción y docencia universitaria, para comenzar proyectos audiovisuales y seguir con otros ya iniciados hace un tiempo.
Por otra parte, la vida transcurría en esa normalidad extraña que tiene Bolivia, y digo extraña porque sabíamos que teníamos la espada de Damocles pendiendo en la cabeza, teníamos un país con una grieta abierta, a veces invisible, otras no tanto. Una grieta y, hay que ser justos, que no es producto del gobierno actual, es parte de nuestro decurso como nación. Bien, estimado lector, en esta semana y media de paro, de sobresaturación de información, de versiones opuestas sobre la verdad, quedamos los que, de inicio, nos espanta la violencia, venga de donde venga. Soy de esos bolivianos que siempre cuestionó en los ámbitos cotidianos el precepto de “vivir bien” que resultó siendo un lindo eslogan. Soy también de los que no se sienten bien si intenta unirse al coro que insulta a Evo Morales, sí, esa arenguilla donde la madre es la protagonista, usted sabe a qué me refiero. Y así no se puede dejar de señalar de forma absoluta que no nos hace más bolivianos invalidar a otros y percibir esa otredad como una amenaza. En este momento confirmo que los bolivianos tenemos una interculturalidad fallida y que podemos ser solo multiculturales o tolerantes con esa otredad, porque lo intercultural supondría integración y un diálogo de saberes.
En estos días he sido visitante del piquete de mi zona que lucha por la defensa de la democracia, he visto diversas personas con sus visiones y concepciones del país que desde cada sector se quiere, por primera vez he podido conocer a mis vecinos, usted que lee lo sabe, las prisas de la vida y esto de mirarse a diario el ombligo rompe el vínculo con los otros. En el piquete he sabido de sus oficios, sus preocupaciones, hay gente que vive al día y sin embargo, no deja el piquete pese al sol y la incertidumbre. También he visitado el otro lado, donde he tenido, junto a mi compañero, la posibilidad de escuchar a las bases masistas y su absoluta fe en el proceso de cambio. He visto también, como todos, los noticieros y a los expertos debatir, opinar y hacer ciertas prospecciones y pese a esto la verdad sigue siendo territorio confuso y abierto.
“No hay paso”, gritan los activistas en el piquete, en el de mi barrio y en los otros que en estos días he visitado. Pienso en la imposibilidad de pasar, no solo de las motos o autos, el cortar parece ser la acción que nos une. Por tanto, es urgente que quienes están en el poder y los que aspiran poseerlo, piensen en el bien mayor, en este hermoso y generoso país que vive un lapso definitivo, intenso y feroz. En este momento, la respuesta es incierta y son ustedes, aunque suene a frase gastada, quienes deben dar el primer paso, porque de una buena vez deben entender que no hay cosa peor que el no saber qué país nos espera luego del paro, de la cerrazón, del grito: “no hay paso”.
La autora es escritora
Columnas de CECILIA ROMERO
















