Música para respirar 24/7
Trajeron luz, y alumbraron el alma apesadumbrada de los enfermos con Covid-19. Dieron de sí, lo más valioso que tienen: su música. En más de 330 conciertos en ocho días, que fueron transmitidos por Whatsapp las 24 horas del día, los siete días de la semana del 10 al 17 de agosto.
Ellos son los talentosos músicos de La Sociedad Boliviana de Música de Cámara (SBMC) que ofrecieron un espacio sonoro de tranquilidad, paz y bienestar a los oyentes que pidieron un concierto. Quisieron colocarse en primera línea a tiempo completo, como lo han estado haciendo los trabajadores del área de la salud e interpretaron música clásica, popular y boliviana, en conciertos privados que duraron entre tres minutos y dos horas.
Consideran que la música, y el arte, pueden ser un arma fundamental para superar esta crisis. Se trata de una novedad mundial. Un movimiento cultural inédito. Hicieron un ejercicio de empatía con enfermos, dolientes, enfermeras, doctores y recuperados.
La logística fue extraordinaria y el reto, bien logrado. Los turnos más complicados fueron cuando respondieron a las solicitudes que llovían por montones.
El impacto que esperaron de esta iniciativa es a nivel personal. Quieren que cada uno de sus oyentes se sienta animado, apoyado y acompañado para atravesar el delicado momento que están pasando, circunstancia que, a diferentes niveles, nos afecta a todos. Ellos consideran que “la actual crisis mundial sólo será superada cuando entendamos que la salud del otro es también nuestra salud. La música es un arma potente de curación y estamos formando un ejército musical listo para unirse a la batalla contra este coronavirus”.
Está en sus planes repetir la experiencia porque hay mucha demanda, mayor de la esperada, pero necesitan fondos, así que están buscando patrocinadores.
Muchas gracias a todos ellos. El esfuerzo que han realizado demuestra la gran calidad humana y artística que tienen. El momento de paz y serenidad que me proporcionaron fue maravilloso. La música produce estados alterados de conciencia y nos puede llevar a momentos especiales de nuestras vidas, a recordar y a emocionarnos.
Gracias a Karin Cuéllar de la SBMC he vivido un tiempo de calma que me hizo sentir que puedo ver la luz al final del túnel. Su ejecución musical fue impecable y me emocioné al escuchar el concierto. Dijeron que calificaba para hacerlo. No por la enfermedad, sino por el estrés que vivimos quienes ejercemos el periodismo. Lloré, bailé. Y recordé cuánto extraño ir a un concierto o cantar en un coro. Sé que volveremos a una “nueva normalidad” y estoy segura de que será de la mano de la música.
La autora es Premio Nacional de Periodismo Especializado en Banca
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER


















