Violencia intrafamiliar, un problema de todos
La violencia intrafamiliar, contra mujeres y niños en Bolivia se intensifica, aumenta y llega a casos extremos a pesar de las leyes y otras normativas específicas, como se constata al conocer los casos de los últimos días.
El Ministerio Público, en su último informe del 17 de diciembre, reportó que en 2024 se registraron 81 feminicidios, mientras que las denuncias por delitos enmarcados en la Ley 348 suman 48.251.
De ese total, 36.014 denuncias son por delitos de violencia familiar o doméstica y 3.591 son casos de abuso sexual.
Y hasta hace tres días, a escala nacional se registraron 34 infanticidios.
Desde que se implementó la Ley 348, Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, los datos de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas siguen siendo similares. Aproximadamente tres mujeres asesinadas cada dos semanas, una cada cuatro días y medio.
Desde entonces también se ha dado cientos, incluso miles, de charlas de sensibilización y de capacitaciones a funcionarios públicos, especialmente a policías, militares y bomberos, pero nada consigue revertir las cifras: los feminicidios y los infanticidios se siguen produciendo.
Esta realidad tiene que interpelarnos acerca de nuestra actitud, colectiva y personal, respecto de la violencia contra las mujeres y niños.
“Las niñas y niños de entre 4 a 10 años son los que mayormente sufren violencia física y psicológica; mientras los menores de edad de entre 11 a 16 años, son víctimas de violencia sexual, el 75 por ciento son mujeres y el 25 por ciento varones”, explica el jefe de la Defensoría de la Niñez y de la Adolescencia de la Alcaldía de Cochabamba.
Son datos alarmantes los que proporciona ese funcionario municipal acerca de los que ocurre en Cochabamba. En el resto del país, la realidad no es menos sombría. Esos hechos y otros de violencia intradoméstica, con consecuencias fatales o no, son producto o parte de una serie de agresiones que no pudieron pasar desapercibidas para el entorno de las víctimas.
Existe sin duda una amplia, y peligrosa, permisividad a las agresiones intrafamiliares. Esa tolerancia que fácilmente deviene en indiferencia nos hace responsables de este tipo de sucesos.
Vecinos, familiares, amigos y compañeros de trabajo asumen el problema de la violencia doméstica como uno ajeno cuando no se da en su propio hogar.
No es así; lo que está ocurriendo en Bolivia en este aspecto es un problema de todos, porque la sociedad entera sufre sus consecuencias.


















