Francia Márquez, la sorprendente vicepresidenta afro de Colombia
Feminista, afrodescendiente, de origen social muy humilde e izquierdista, y más en cuanto a lo no habitual para los mandatarios colombianos. Ese el muy sintético, pero ilustrativo perfil de quien dentro de tres semanas jurará a la vicepresidencia de aquel país marcando un hito histórico. Es Francia Elene Márquez Mina cuyo impacto en la lid electoral cambió varios ejes del debate y puso en tapete polémicas habitualmente soslayadas.
Apenas se confirmó la victoria electoral el 19 de junio, en las primeras cinco palabras del discurso que celebraba la victoria dejó buena parte de su impronta. “Gracias a nuestros ancestros y ancestras”, dijo marcando su mensaje de reivindicaciones de género y étnica. No es poco, para nada, en un país que, aunque abolió la esclavitud hace más de 170 años, mantiene marcados problemas de racismo.
Márquez incluso asume reivindicaciones generacionales porque tiene 40 años, 22 años menos que el presidente electo Gustavo Petro, a quien ya le ha plantado cara en ciertos temas. No sólo constituye la primera mujer afrodescendiente que llega a la vicepresidencia, y la segunda de Latinoamérica, sino también la primera líder social o activista social que conquista ese cargo. Muy especialmente en Colombia ese logro resulta especialmente significativo porque la violencia política se ceba cada año con cientos de muertes de activistas sociales.
Las cifras de la Defensoría del Pueblo de Colombia resultan elocuentes. En 2020, 130 líderes sociales fueron asesinados, en 2019 hubo 119 asesinatos. La retrospectiva sigue con 116, en 2018; 208, en 2017 y 132, en 2016. En suma 987, en un lustro, en su mayoría indígenas, afrodescendientes y campesinos. En ese total hubo alrededor de 130 mujeres. Francia pudo engrosar aquella lista pues ha sobrevivido a múltiples amenazas y a un atentado con una granada en 2019.
De cuna humilde
Márquez se inició en el activismo cuando tenía 13 años. La iniciativa de expandir una represa en su región que implicaba el desvío de un río importante que afectaría marcadamente a su comunidad, Suárez del valle del Cauca, resultó la primera causa que abrigó. Su liderazgo fue creciendo sin que fueran óbice las grandes limitaciones económicas de su hogar y su precoz embarazo para ser madre soltera ya desde los 16 años.
Al contrario, tras abandonar temporalmente sus estudios escolares, buscó su sustento trabajando en zonas auríferas. Allí creció su vocación combativa. Con el tiempo, se dio modos para llegar a la universidad y asistió a la facultad de derecho. A sus 33 años lanzó y ganó una campaña legal para impedir que las principales empresas mineras lograran mudarse a su zona.
Su peso político y social fue aumentando. En 2014 ganó fama en el país tras liderar una marcha de 640 kilómetros desde el valle del Cauca hasta Bogotá. La movilización exigía que el Gobierno detuviera a los mineros ilegales que habían invadido su comunidad con retroexcavadoras. No hubo contrataque legal, económico ni físico que pudiera detener aquella protesta que se convirtió en su triunfo emblemático.
Aquella marcha terminó con un plantón en el Ministerio del Interior donde las autoridades cedieron a firmar un acuerdo con los movilizados que Márquez lideraba. Por su trabajo, Márquez, en 2018, ganó el Premio Ambiental Goldman. Este galardón es otorgado desde 1990 por la fundación filantrópica que lideraron los esposos Richard y Rhoda Goldman a líderes sociales de cada continente. Por sus características es frecuentemente considerado el premio “Nobel ambiental”.
Con todo, vicepresidencia electa incluida, Márquez tiene virtualmente polarizado al país en cuanto a expectativas y ha vuelto a visibilizar varias heridas sociales. Durante su campaña electoral, con reflexiones insistentes, expresiones francas y puntillosas sobre las disparidades en la sociedad colombiana desató una discusión sobre la raza y las clases sociales que pocas veces se ha visto en la vida política de este país.
Para un segmento de los colombianos, especialmente para ese 40 por ciento de la población que se halla en la franja de la pobreza, que demanda un cambio y una representación política más diversa, Márquez es su esperada defensora. Al margen de que esa expectativa sea o no satisfecha, la gran pregunta es si el otro segmento de la población colombiana está preparado para aceptarla como autoridad.
Polémica racista
El abanico de críticos va desde quienes le atribuyen una postura que confronta y enerva al país hasta quienes la consideran parte de una nueva estrategia de los grupos guerrilleros. También hay aquellos que recuerdan su inexperiencia, pues Francia Márquez nunca ha ocupado un cargo público y alertan sobre una posible falta de capacidad para ejercer la segunda magistratura del país. No se sabe hasta dónde dichas posturas encubren prejuicios de raza, clase o ideología, algo que en más de un caso afloró explícitamente en la campaña.
Poco antes de celebrarse el balotaje, la cantante y presentadora de televisión colombiana Maureen Belky Ramírez Cardona, mejor conocida como Marbelle, la llamó King Kong. La senadora derechista María Fernanda Cabal la llamó “Mamerta” y señaló que debería ser “coherente” y cambiar su nombre porque Francia “fue un imperio colonizador esclavista”. Por su parte, el presidente del Senado y dirigente del Partido Conservador, Juan Diego Gómez, aseguró que la hoy vicepresidenta electa estaba respaldada por las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las fracciones disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Resultaba inevitable, incluso tuvo su versión previa cuando, en marzo, se llevaron a cabo las elecciones primarias y Francia debió competir con fogueados dirigentes de izquierda. Movilizando décadas de frustraciones de los votantes logró el tercer lugar en aquellas primarias presidenciales con casi 800 mil votos. Eso hizo que el candidato que lidera las encuestas del país, Gustavo Petro, la nombrara como su compañera de fórmula. Y desató el fenómeno de la piel en las candidaturas vicepresidenciales.
Como no había sucedido nunca, cinco candidatos a segundo mandatario fueron afrodescendientes.
En Colombia, el 6 por ciento de la población, es decir, más de 3 millones de habitantes, se autodenomina afrocolombiana, según informes estadísticos oficiales. La población más numerosa está en el Valle del Cauca, cuya capital es Cali. En uno de los momentos más destacados de su campaña, con una blusa estampada en azul y naranja que rendía homenaje al estilo afrocolombiano, pidió el apoyo de los pueblos marginados del país, es decir, de indígenas, negros y campesinos.
Tras recordar las graves carencias básicas de esas minorías aludió al movimiento BLM o Las Vidas Negras Importan (Black Lives Matter, por su sigla en inglés) de EEUU. Recordó sutilmente además el caso George Floyd y llamó entonces a romper “el racismo estructural que no nos ha permitido respirar en este país y que nos ha mantenido con la rodilla en el cuello”.
En suma, el ascenso de Márquez es significativo no solo porque ella es morena en una nación donde los afrocolombianos sufren insultos y tratos racistas aún con mucha frecuencia, sino además porque tiene orígenes humildes. Colombia resulta uno de los países donde la clase política ha sido marcadamente selectiva durante toda su historia. La inmensa mayoría de los exmandatarios recientes se educaron en el extranjero y son parte de poderosos clanes familiares con decisoria influencia económica y política.
Francia Márquez junto al presidente Gustavo Petro jurarán a sus cargos el próximo 7 de agosto. Desde su victoria en junio sus ya notables medidas de seguridad se redoblaron. Y probablemente sea una las autoridades también más protegidas de la historia colombiana a partir de su posesión.
En ese ejercicio también se han previsto novedades. Como una nueva responsabilidad de la Vicepresidencia de Colombia, Márquez encabezará el Ministerio de la Igualdad. Se trata de una nueva cartera que buscará articular las políticas dirigidas a las mujeres y las diversidades étnicas en Colombia.




























