Regantes dan buen uso a desfogue de Misicuni
Los regantes de Quillacollo y Colcapirhua aprovechan con mayor eficiencia que el año pasado el agua que desfoga Misicuni para que la represa no rebalse por la falta de ductos para la distribución a los barrios y de un vertedero.
El uso del agua fue verificado por el investigador y docente de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), Fernando Salazar, ayer. Sin embargo, alertó que una parte llega al río Rocha y se mezcla con aguas servidas.
A la fecha sólo se construye uno de tres ductos. Otro espera orden de proceder y el último no tiene financiamiento.
En el recorrido se constató que el caudal se junta en el río Chijllawiri con el sistema de riego de La Angostura. A partir de ese punto, los regantes de Pandoja, El Paso y hasta Cotapachi aprovechan el agua para cultivar sobre todo alfalfa, por ser una zona lechera.
Salazar declaró que “cruzando la avenida Blanco Galindo, Víctor Ustáriz y las rieles, el agua llega al río Rocha en una cantidad muy pequeña”. Por ello se necesita un plan de riego para que la escorrentía no se vuelva un desfogue. “Es una alerta para que ni una gota llegue al Rocha”, manifestó.
El presidente de la Empresa Misicuni, Jorge Alvarado, informó que tienen previsto desfogar 1.000 litros por segundo hasta diciembre, porque la represa acumuló 130 millones de metros cúbicos de los 180 de su capacidad.
Ésta es la segunda vez que la Empresa Misicuni desfoga el agua de la represa por la falta de ductos para atender la demanda de los usuarios de la región metropolitana.
En 2018 se tomó la misma medida, porque además el cupo que pide Semapa es de 600 litros por segundo, cuando se proyectó que requiriera unos 1.000.
El asambleísta departamental, Eduardo Sarmiento (Demócratas), emplazó al presidente de Misicuni a explicar por qué se echa agua que tendría que ir para consumo o riego al río Rocha.
También exigió que se replique el plan de abastecimiento de agua que se usó para llevar agua de la planta de tratamiento de Misicuni a la Villa Olímpica durante los Juegos Suramericanos.
El plan se apoyó en cisternas que acarreaban agua hacia la ciudadela, en 2018.





























