Pese a ley, trabajadoras del hogar no cuentan con seguro ni salario mínimo
Si bien en los papeles el Decreto Supremo reglamentario de la Ley 2450 de Regulación del Trabajo Asalariado del Hogar permite a las trabajadoras de casa afiliarse a la Caja Nacional de Salud (CNS), la realidad es otra. En Cochabamba, las trabajadoras del hogar que cuentan con un seguro de salud no son ni 10.
Según la secretaria general del Sindicato de Trabajadoras del Hogar de Cochabamba, Juana Durán, hasta 2019 tenían 8 mil afiliadas, tanto activas como pasivas, pero ahora solo asisten al sindicato cerca de 70, y solo una percibe el salario mínimo y cuenta con un seguro de salud.
“A nivel departamental, cerca de 10 compañeras estarían afiliadas a la Caja Nacional de Salud, pero no son parte del sindicato”, sostuvo.
Explicó que sus compañeras no gozan de un seguro de salud ni aportan para su jubilación, debido a que el salario que perciben no llega al mínimo nacional.
“A nosotras nos gustaría contar con un seguro de salud y aportar para nuestra vejez. Pero eso no es posible, debido a que el salario de una trabajadora del hogar está entre los 1.500 y 1.800 bolivianos, por un trabajo de más de 12 horas. Muchos de los empleadores no quieren pagar el salario mínimo, aseguran que les dan techo y alimentación a las compañeras”, reclamó.
Realidades
La jornada laboral de una trabajadora del hogar inicia entre las 05:00 y 06:00 y muchas veces se extiende hasta las 23:00.
“Algunas compañeras se quedan despiertas hasta la medianoche, porque deben esperar a sus empleadores. Por ejemplo, yo cuido a adultos mayores y me quedo hasta altas horas de la noche”, contó Juana.
Mientras Prima, quien a sus 17 años migró del área rural a la ciudad, aseguró que durante años no supo lo que era un feriado o un domingo de descanso.
“Empecé a trabajar el 2006, con un sueldo de 300 bolivianos al mes. Algunas de las compañeras que conocí me decían que mi sueldo era bajo y que el mínimo nacional estaba mucho más. Yo no sabía qué era el mínimo, además, me daba miedo hablar con mi empleador”, contó.
Dijo que, años después, ya en otro lugar de trabajo “me pagaban 1.200 bolivianos, cuando el salario mínimo estaba por los 1.600. Recuerdo que le pedí a mi empleadora que me aumente, pero ella en respuesta directamente me despidió (…). Si bien (en los últimos años) llegué a percibir el salario mínimo, nunca tuve un seguro de salud. Y ahora solo trabajo por horas y días”, añadió la joven, quien además dijo haber conocido empleadores bastante buenos que incluso le hicieron estudiar.
Leonarda es otra trabajadora del hogar que recuerda haber sido responsabilizada por hechos que no cometió y despedida en más de una oportunidad. “Yo empecé con un sueldo de 200 bolivianos al mes. En uno de los trabajos que tuve cada vez me despedían y luego me volvían a llamar asegurando que habían cometido un error (…) Pero ya en otro lugar, trabajaba hasta la medianoche, porque mi empleador llegaba a esa hora”, relató.
Albertina aseveró que siempre le tocaron empleadores buenos. Aunque también dijo que le pusieron algunas pruebas.
“Yo trabajo desde mis 14 años, son más de 25 años que soy trabajadora del hogar. Pero siempre me tocaron empleadores buenos, me gané el cariño de ellos, decían que era como su hija mayor. Creo que algunos empleadores nos ponen a prueba y dejan dinero en distintos lugares e incluso en la ropa que enviaban para lavar. Yo siempre se los entregaba y eso les gustaba, me tenían mucha confianza”, dijo.
Por su parte, Alberta, quien es parte del sindicato de trabajadoras del hogar de Sucre, señaló que, hasta los últimos años, sus derechos laborales fueron vulnerados.
“Yo me topé con gente buena y mala. Pasé por momentos muy difíciles: yo era niñera, cocinera, lavandera y encargada de la limpieza al mismo tiempo. Recuerdo que llevaba al kínder a una de las wawas y a la otra me cargaba en la espalda. La mayoría de las veces, las trabajadoras del hogar nos convertimos en las segundas madres y eso muchas veces no es valorado”, reclamó.
“Cuando trabajaba cama adentro, no tenía feriados, ni domingos de descanso, ni vacaciones, ni aguinaldo, fue en el Sindicato de Trabajadoras del Hogar donde me enteré que tenía una serie de beneficios y dejé de trabajar los domingos”, concluyó y recomendó a las jóvenes afiliarse al sindicato.























