Michel Temer tiene el rechazo de la población
El discreto, y en apariencia inofensivo, vicepresidente centrista de Rousseff (Michel Temer) salió como el gran vencedor del primer asalto de la crisis.
Esperó el peor momento de aislamiento y debilidad política de la que era su socia para precipitar su caída a fines de marzo y acabar heredando en bandeja su presidencia hasta 2018.
Aunque su victoria podría ser de corto alcance debido a sus propias debilidades.
Su legitimidad, formalmente indiscutible en el plano constitucional, está muy frágil por su polémico acceso al poder y por las etiquetas de “traidor”, “conspirador y “golpista” que le colocó Rousseff.
Impopular
Tanto que este político de detrás de bastidores, poco conocido por los brasileños, es igual de impopular que la misma expresidenta.
Además, está la espada de Damócles del escándalo de corrupción en el gigante estatal Petrobras y sus devastadores giros, que han salpicado de lleno a su partido PMDB.
Él mismo ha sido citado por varios acusados, sin consecuencias judiciales hasta el momento.
En este complejo contexto, Michel Temer reconoció el miércoles sólo tener “dos años para reencauzar” un país sumido en su peor recesión económica en décadas.
“Va a ser difícil”, admitió, fijándose como prioridad la reducción del desempleo que afecta a 11,8 millones de brasileños.
De momento, cuenta con una mayoría bastante sólida en el Congreso, además de la buena acogida de los mercados.
Temer prometió un severo ajuste del presupuesto e impopulares reformas del sistema de pensiones o de los derechos laborales.

























