Supervivencia
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe dio a conocer lo que tiene previsto para esa área geográfica en general y Bolivia en particular respecto al futuro de las exportaciones. El dato no es halagüeño para nuestro país ya que caerán en 17,60 por ciento respecto al 2015, las que ya habían disminuido sustancialmente respecto al 2014.
La baja del precio de los hidrocarburos es uno de los problemas, pero también se tiene otros factores que hacen a la exportación de otros productos en los que se había conseguido abrir importantes mercados, a pesar de los múltiples inconvenientes que sufren los exportadores y entre los que podemos citar las políticas gubernamentales.
Si nuestra capacidad de producir y vender fuera de nuestras fronteras disminuye, disminuye la acumulación de divisas y por tanto nuestras reservas internacionales bajarán aún más. Esto es algo que debe preocuparnos, pues al caer la acumulación de moneda fuerte hay una tendencia negativa en relación al PIB y por tanto un retorno al pasado: déficit fiscal.
Entonces hay que buscar alternativas que nos permitan cerrar la brecha. Como el precio del barril del petróleo no volverá a los 100 dólares americanos, habrá que mirar a aquellos productos que salían de la agroindustria cruceña, la pecuaria beniana, el Chapare –coca excluid- y otros como los textiles con excelentes productores en Cochabamba, por ejemplo.
La crisis del agua puso al desnudo muchas frases hechas, propaganda, y ya se habla de que la seguridad alimentaria se dio pero con productos importados desde los países vecinos. Mas las crisis deben servir para exprimir la creatividad y romper los muros ideológicos, aunque sea por el instinto de supervivencia que en los caudillos suele ser más fuerte que el apego al adulo.
La solución del problema del abastecimiento de agua en ciudades importantes, en zonas rurales afines al MAS, no es solo dar de beber al sediento, está también la continuidad del régimen que de no hacer nada pagará la factura. Por ello, es el momento de que los técnicos se impongan y dejemos de lado como un componente del crecimiento anual el de servicios estatales, el crecimiento de la burocracia, y centremos esfuerzos en garantizar la producción agrícola e industrial boliviana que ya tenía experiencia y mercado asegurado.
El DS 2987 que libera recursos para que todos los niveles de Gobierno los destinen a atender los problemas de la sequía, debe complementarse con normas que ayuden al sector productivo, industrial y comunitario, a dedicarse a lo que saben con la certeza de que se le garantizará el mercado interno a precio justo para unos y otros, y el externo con la agilización de los procesos burocráticos que han sido la valla sobre la que se estrelló el discurso gubernamental en un hábil juego tendente a frenar el crecimiento de una economía de la cual no son muy amigos.
La sequía obliga a que haya una política nacional, pues ésta afecta y afectará al territorio nacional. Los estudios de antaño así lo afirmaron y la realidad confirma esa aseveración a lo que no se hizo caso. Ahora debe invertirse lo poco que queda de la bonanza en proyectos serios, que optimicen el recurso para que haya agua para la producción agrícola y el consumo humano.
Las represas son una alternativa, mas para ello es preciso trabajar en la identificación de cuencas y protegerlas en las cabeceras de la misma y en todo su trayecto. Hay que evitar la desforestación así como reforestar en los sectores críticos.
Para mejorar la productividad quizás es hora de asumir una posición respecto al tipo de semillas, pues precisamos producir más en menos tierras y con sistemas de riego modernos.
El autor es periodista.
Columnas de JORGE MELGAR RIOJA

















