Prudencia y sensatez con Chile
La impertinencia y el triunfalismo oficial están provocando una agudización de la confrontación con Chile, tan inútil como imprudente. Cuidado con las advertencias de Chile; sus insinuaciones y decisiones políticas se tornan peligrosas porque es más fuerte económica, militar e internacionalmente tiene más amigos. Con el poder de su elocuencia y reputación, puede conseguir corromper la historia una vez más. En su afán disuasorio refuerza permanentemente su potencial militar, recientemente ha comprado más de 500 tanques Leopard II; más de 50 aviones F-16; tres submarinos Scorpene con lanzadores de misiles contra objetivos aéreos; ha cambiado todos los fusiles de asalto de su infantería de ejército y marina. Dispone de 15.000 nuevos fusiles de asalto Heckler & Koch (HK) G36C; la infantería de ejército es íntegramente blindada en portatropas a orugas: su marina de guerra ha construido en Concepción y Talcahuano bunkers y refugios antiaéreos. La pregunta es ¿para qué y contra quién?
La historia la escribieron los chilenos y como vencedores han perfilado la versión oficial de la guerra. Fueron y quieren seguir siendo los dueños del lenguaje, porque creen que el último y más preciado bien del despojo marítimo es su palabra. Sabemos que la guerra del 79 fue una guerra inmoral, inspirada en turbios intereses de poder chileno e inglés, pero su versión sostiene que sólo les movieron ideales defensivos,
¿Nos seguirán ganando con ella en la posguerra? ¿Invadirán y tomarán otra vez territorio por la “afrenta” de haberlos demandado? Al saberse más fuertes amenazan veladamente, hablan de promover un conflicto de “graves consecuencias” porque según esta falacia sistemática, defenderán sus “derechos de conquista” con sangre. ¿Qué hay al otro lado de la paz, si no la guerra? Una vez desencadenada, nadie puede prever las consecuencias desastrosas para el más débil. Si bien la violencia de las armas como manera de solucionar los conflictos entre Estados es cada vez más obsoleta, ésta no es descartable.
Seamos prudentes, cuidemos las palabras, el manejo eficaz de la incertidumbre política de nuestras relaciones exteriores no es una cualidad de nuestros gobernantes a lo largo de la historia. No provoquemos, que los políticos se abstengan de opinar lo que no saben, por solo “aparecer”, o por reforzar una opinión desfachatada. No hagamos, pues, demagogia. Evitemos palabras sediciosas, podemos desencadenar la tragedia.
Debemos aprender la lección histórica de que nuestros optimismos terminan siempre en desilusiones. Ha quedado claro que, aun si el fallo de la CIJ fuera favorable, no “entregará” soberanía a Bolivia, lo máximo que podría determinar es que se “negocie” la cesión de soberanía comprometida y que la forma, los alcances y los plazos de esa eventual negociación, es algo que tienen que negociar los dos países de forma bilateral. Dejemos de autoengañarnos, lo máximo que lograremos será perder el tiempo, despilfarrar dinero y prolongar el diálogo de sordos, porque la solución final seguirá dependiendo de Chile.
Nos esperan años de un proceso caro para terminar donde comenzamos. Quien piensa que la reivindicación está por venir de la mano “amiga” del Sr. Morales o de la CIJ, vive en una ficción. Aun con un fallo favorable, sin el consentimiento de Chile, no tendremos jamás soberanía marítima.
El autor es abogado constitucionalista.
Columnas de WALDO RONALD TORRES ARMAS


















