Las formas de la limosna
De la forma cómo te mire a los ojos el mendigo va a depender el monto de la limosna que le des. O de la forma cómo te muestre la causa de su miseria podrás sentir la intensidad de su tormento.
Pretender clasificar las maneras de pedir limosna en la ciudad resulta una tarea complicada pues cada practicante tiene su propio método.
Sin embargo, en el pequeño ámbito del centro de la ciudad se pueden percibir algunos rasgos comunes de los que, obligados por alguna discapacidad, el desempleo, o algún don especial capaz de producir lástima, ternura o miedo sobreviven pidiendo monedas.
“Un boliviano (un peso) amigo no me va a enriquecer ni te va a empobrecer”, suele ser el argumento de algunos profesionales del oficio que ingresan al transporte público y te envuelven además con el discurso de que “podría estar robando y sin embargo…”
Los ciegos solitarios y los discapacitados son otro grupo que no necesitan decir ni hacer mucho porque llevan su desgracia tan explícita que es imposible no conmoverse. Entre estos llama la atención que algunos tienen una especie de “administrador”, que los vigila y cuida. De tanto en tanto recogen las monedas que recolecta el mendigo, las cuenta y la guarda.
Los niños mendigos son los que más consternan. Hasta los corazones más viles se inclinan para alcanzarles unas monedas.
Los vientos navideños traen aguinaldos, lindas sonrisas y deseos de abrazar hasta a los que abominas.
Pero también develan la cruda realidad de muchos que a diario cargan su miseria y la Navidad para ellos no es día para ostentar abundancia, prosperidad o familia, simple y llanamente es… un día más.
Subjefe de Redacción
Columnas de MICHEL ZELADA CABRERA





















