Modus Operandi
Existen 255 entre Estados y países de los cuales 193 son miembros plenos de Naciones Unidas. El primer mundo agrupado en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) compuesto por 35 Estados. De ellos, poco más de la mitad cotiza su moneda en bolsas, llamadas divisas, emitidas y prestadas a los estados pobres que luego tienen que pagarlas con su trabajo.
Para lograr el objetivo de control necesitan mantenerlos endeudados, además seducen a los países a tener tipos de cambio apreciados para preservarlos en una servidumbre productiva y eligen a pocos administradores para instaurar la corrupción con míseros beneficios y establecer sus objetivos.
Este modo de padecimiento creado y llamado pobreza, establece las limitaciones de acceso a los recursos para satisfacer las necesidades básicas, mejorar el nivel de vida y la educación, aspectos que a su vez están relacionados con las inversiones estatales y muy alejados de la formación del capital.
Los préstamos para Estados débiles funcionan en un modo inducido para apreciar la moneda local y ponen en línea a sus empresas en las licitaciones de los acreedores, con el objetivo de instalar además de los préstamos, inversiones particulares. Esta medida que beneficia a los que manejan el tipo de cambio y deslizan negocios personales, se encasillan en el tráfico de influencias.
Cuando se aprecia el dinero el vehículo arranca al mismo tiempo con la maquinaria de la propaganda política que promociona un mensaje invertido, tiene que pregonar que el auto de carrera está en la mejor parte de la grilla de partida, por lo tanto la apreciación dará estabilidad, no se importará inflación, y dará gran competitividad.
Esa estrategia de desinformación trae pérdida de ingreso y de mercado para la industria nacional, que luego deriva en una balanza comercial negativa. Con el tiempo la arena movediza diluye el empleo, se impone una penalidad a los bancos para desplazar la divisa a reservas internacionales para invertirlas a precios irrisorios y las mismas están listas para tragarse a cualquier ingenuo.
Además la alianza se muestra como un arcoíris para que en el arca sólo están los privilegiados, se los estigmatiza como el maldito mercado. Al proceso de penalizar las divisas en las calles para manejarlas y llevarlas a reservas internacionales se la denomina “indigenización de la moneda” empujando de a poco a una economía tribal y no de buenaventura. En Bolivia se lo conoce como bolivianización que para completar el cuadro, viene casada con la oferta de bonos en moneda local que transforma los dólares en bolivianos, dichas divisas elevan las reservas y esto permite emitir más moneda, así la población se inunda de dinero y mira para otro lado, olvidándose que la fiesta va a tener un saldo mortal si no encuentra tierra firme.
Luego, sincronizadamente, aparecen representantes de organismos internacionales que avalan dichas acciones negativas. Para callar las voces de descontento, el Gobierno pone en funcionamiento la máquina de presión. Así el silencio se convierte en cómplice, se queda petrificado en el miedo y mirando cómo la industria y el país pierde el sueño del desarrollo exportador, se agrava cuando las importaciones desvanecen las esperanzas de progreso, con una propaganda pagada con los impuestos de los mismos ciudadanos que se ven perjudicados. Luego llega el desempleo y como consecuencia el desahorro. En teoría se mitigan con los créditos en inversiones estableciendo el efecto de exclusión social y marginalismo con recursos públicos que impiden el desarrollo.
Se maquilla la inflación como aumento de bienestar; Mayor velocidad de circulación como aumento de competitividad, sin importar que impulse una pérdida gradual, profunda y peligrosa. Se crean así sociedades siempre “en construcción”, que nunca desarrollan, como Bolivia que en los 90 estaba en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) en la posición 90 y ahora está en el lugar 114, de 188 países, calificación de ONU con información del propio estado. El claustro educativo no da muchas alternativas de protesta. Además, introducen teorías para justificar lo injustificable como el teorema Marshall-Lenner sobre el tipo de cambio, planteado por el Gobierno y que no aplica a la situación de Bolivia, mucha doxa (bla, bla), poco episteme (investigación científica) y bastante mendacium (mentira).
Como el negocio es tener los dólares alquilados y al pueblo con circulante inorgánico, no importa el costo. Este club de los 19 además influye en las colocaciones de las inversiones de las reservas de cada país, y de esta manera al invertirlas no son de libre disponibilidad. Por lo general esperan que avance otra crisis para prestar al mismo país a más de 10 veces el valor, dicha inversión (reservas). La gente no entiende hasta que es tarde, que las presiones inflacionarias del dinero sin respaldo, produce una catástrofe. Son como el Mal de Chagas: lame las articulaciones y come el corazón del sistema económico lentamente. El circulante que hay, como es superior al producto y a los dólares de reserva, continúa una carrera hacia la fractura justificada por los responsables que echan mano a los teoremas que no vienen al caso.
Si el negocio del dinero y el control se apoya en un justificación para el engaño como si fuera un dogma, este deja de ser un medio para convertirse en un fin, se aparta de su objetivo para convertirse en un interés. Entonces el dominio, la quiebra de un país, es sólo cuestión de tiempo y es un modus operandi.
El autor es economista
Columnas de LUIS FERNANDO GARCÍA

















