Una forma de jugar que no satisface
La mayoría de los bolivianos percibe que, en este momento, la “situación económica” del país es buena y que la “situación política” es mala. Así se desprende de los datos de una reciente encuesta de Equipos Mori, encargada y publicada por El Deber de Santa Cruz. Para el 38% de los encuestados la situación económica es buena y para el 43% la situación política es mala. Esta última es “mala” y “muy mala” para nada menos que el 62%. Se ve que con la economía los bolivianos están razonablemente satisfechos mientras que con la política están visiblemente insatisfechos.
Se trata de percepciones y no necesariamente de realidades objetivas. Sin embargo, su efecto en el comportamiento de los ciudadanos es innegable. Las percepciones sobre la economía y la política son especialmente consideradas por observadores y estrategas políticos cuando está en desarrollo un proceso electoral. Algunos piensan que las percepciones sobre la situación económica –en particular la percepción sobre sus hipotéticos efectos en la situación personal– tienen un claro efecto en la emisión del voto. Otros piensan que más determinante es la percepción sobre la situación política.
No hay muchas dudas sobre lo que, de un modo general, los ciudadanos entienden por situación económica. Menos claro es el sentido que le dan a “situación política”. La economía es una actividad humana sobre la cual existe una más precisa y generalizada noción. Menos clara es la noción “política” como otra sustantiva actividad humana. Es posible conjeturar que lo que los ciudadanos comunes consideran “política” se refiere, sobre todo, al comportamiento de los “políticos”, o sea de quienes se dedican a la política como si fuera casi una profesión.
Como principales actores en el juego político, los políticos se ubican en el campo de los poseen el poder político, tratan conservarlo y ejercerlo en función de sus intereses y en el campo de los luchan por alcanzar el poder y evitar que quienes lo poseen no lo ejerzan a su arbitrio. Estas funciones propias de los políticos son evaluadas por los ciudadanos de manera cotidiana.
El balance de los bolivianos, por ejemplo, muestra su desencanto con la forma en que, en este instante, se juega el juego político. Esta apreciación condiciona su comportamiento, sobre todo cuando ejercen su derecho al voto. Por esta circunstancia, sondeos como el comentado serán de innegable utilidad a medida que se acerquen los comicios del año 2019.
El autor es docente universitario.
Columnas de ALBERTO ZELADA CASTEDO
















