Mordiendo la manzana
La leyenda dice que Eva tentó a Adán a morder la manzana, el fruto prohibido. Este histórico mordisco trajo consigo, en medio de sus jugos, el pecado original. Había, claro está, de por medio había una serpiente. Por años pensé que todo aquello tenía que ver con la lujuria y el pecaminoso sexo. Pero nada que ver. El pecado no estaba ahí, sino en el conocimiento.
Es decir, no estaba en el instinto, finalmente todos los animales se reproducen, sino en el saber, en el entendimiento.
Y el conocimiento lleva a la ficción, a la invención, a las fantasías. El ser humano es el único animal que puede tener relaciones por placer, largas charlas, construcciones artísticas y un largo etc.
Es decir, como dice Harari, fue la imaginación y la construcción de ficciones lo que nos permitió enseñorearnos sobre el resto de las especies y subir desde el medio de la cadena alimenticia a la cúspide de ella.
Y el conocimiento crea poder. La información crea poder. Pero, “en un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder”. Es decir no basta con inventar hay que hacerlo con arte, no basta con estar informado hay que saber qué información sirve y cual no. En otras palabras aunque puede ser muy interesante cultivar el aprendizaje de arameo, es más importante saber inglés.
Traslademos estos conceptos al mundo de la educación y de la comunicación. ¿Cuánto de lo que aprenden los niños y los jóvenes es información realmente útil y cuánto está destinada únicamente a la repetición y a aprenderse de memoria cosas que en poco tiempo se olvidan?
¿Es concebible a estas alturas del partido continuar enseñando logaritmos cuando existen computadoras de bolsillo baratísimas?
¿Por qué, en lugar de enseñar a repetir no enseñamos a pensar, a aplicar, a cuestionarnos y a buscar respuestas?
Sólo una educación que busca el permanente cuestionamiento nos llevará a la claridad.
Lo propio, en el caso de la comunicación. En un mundo plagado de =====fake news=====, solo la educación de los consumidores de medios de comunicación enseñará a separar el grano de la paja.
Lo nuestro debería ser la búsqueda permanente de la manzana, del fruto del conocimiento vía experiencia, vía la liberación a través de las lecturas. Pero eso significa cambiar un chip esencial: ese que ve con malos ojos a los jóvenes que estudian y con buenos a los que desarrollan otras destrezas.
El verdadero paraíso está lleno de árboles de manzanas. Aprendamos a sembrarlos, a cultivarlos, a regarlos. Ya llegará una serpiente que nos tiente a morder la fruta, la vida.
El autor es periodista
Columnas de JAIME ITURRI SALMÓN




















