Cochabamba y sus problemáticas
El comportamiento de las principales variables macroeconómicas regionales se refleja en una urbanización caótica; no hay políticas serias para establecer y apoyar nuevas inversiones y nuevos emprendimientos
Cochabamba no ha sido ajena a la crisis urbana que caracterizó a las ciudades más importantes de Bolivia a finales de los años 80. De hecho los fenómenos de exclusión y marginalidad social se generaron por el agotamiento del capitalismo de Estado de 1952 y como parte de la concentración de recursos en el eje troncal en el que se habían desarrollados las principales ciudades en desmedro del desarrollo de otros centros urbanos intermedios y pequeños.
Por otra parte, es importante reconocer que Cochabamba, como resultado de la Ley 1551 de Participación Popular, la Ley 2028 de Municipalidades y la Ley 1333 de Medio Ambiente, se convierte en un espacio socioespacial que no sólo debe administrar su jurisdicción con una visión predominantemente urbana-rural enmarcada en un visión integradora para facilitar las condiciones de desarrollo humano.
Cochabamba cuenta con municipios muy dinámicos e integrados espacialmente lo que permite más oportunidades para facilitar la promoción de las actividades económicas mediante la identificación de la vocación predominante y capacidad de uso, con infraestructura adecuada y acceso a potenciales mercados.
Cochabamba asume ese reto desde este nuevo siglo, si bien anteriormente se contó con herramientas de planificación microrregional como el Plan Director de la Región metropolitana (no aplicable en el contexto municipal fragmentado) éste nunca pudo cumplirse a cabalidad.
A partir de la Participación Popular, la distribución socioespacial del territorio y asignación de nuevos recursos económicos se encuentra con nuevos desafíos y funciones institucionales que cumplir y que los asume medianamente priorizando un contexto urbano sin lograr una efectiva descentralización. Las subalcaldías, como ejes articuladores del desarrollo regional, no logran articular completamente una administración coherente del uso y ocupación del suelo, menos de incentivar plenamente la producción y caen, sensiblemente, en corrupción.
En síntesis, no hay un cambio en la estructura económica regional con un crecimiento sostenido de los sectores relacionados con las actividades urbanas (construcción, servicios, manufactura) añadiéndose a ese desequilibrio un decrecimiento del sector primario que afecta la dinámica del empleo agrícola. El comportamiento de las principales variables macroeconómicas regionales se refleja en una urbanización caótica y no hay políticas serias para establecer y apoyar nuevas inversiones en un entorno de desarrollo sostenible. La crisis municipal, a nivel departamental, nos plantea la urgente necesidad de cambio y de transformación de las políticas en la región.
Analista del Ceres
Columnas de LUIS PABLO CUBA ROJAS


















